“ME LLEVARÉ ESE SECRETO A LA TUMBA”

A comienzos de los años ochenta vi por primera vez a Armando Cuervo Romero en las marchas realizadas en solidaridad con Palestina.

Acostumbraba el doctor Cuervo portar en esas movilizaciones con elegancia su fino sombrero de paño y debajo del brazo los libros de Derecho, asignatura dictada por él desde el 77, cuando Maza Márquez, director del Departamento Administrativo de Seguridad –DAS-, lo trajo de los Llanos Orientales para interrogarlo, puesto que en su estadía en Uruguay fue abogado de cuarenta y tres Tupamaros, detenidos durante la dictadura cívico- militar de Bordaberry. El doctor Cuervo no quiso regresar a los Llanos cuando Masa Márquez lo soltó, prefiriendo quedarse de docente y en ejercicio de su profesión en la capital.
Pero sólo fue hasta el día del atentado al Papa, que me enteré que era abogado. Y que ejercía como profesor de la Universidad Incca. Aquel día hablamos, contándome de su niñez y parte de su juventud en Cuba, donde realizó estudios en los Escolapios de Guanabacoa. También me dijo que era medio hermano de Lillo, el famoso caricaturista de la Revista Bohemia. Dibujaba un viejo con su perro, que sostenía un diálogo con él. A partir de esta conversación nos descubrimos en torno a los mutuos afectos por la Revolución Cubana, mostrando toda su dimensión intelectual y humana ante mí, momento en el cual se pactó una amistad entre nosotros hasta el final de su vida.
Cuervo estudió Derecho en la República Oriental del Uruguay, participando en todas las luchas estudiantiles y populares, dadas durante la década de los cincuentas relacionándose con importantes personalidades de la política y la cultura del país, como fueron entre muchas, el escritor Eduardo Galeano, recientemente fallecido, que ejercía como empleado bancario, también del actual ex presidente José Mujica, ambos del MLN-Tupamaros.
Durante el tiempo de permanencia en Uruguay ocupó diferentes cargos como jurista de la Central Única de Trabajadores, siendo miembro del Parlamento y fundador del movimiento “FIDEL”- Frente de Izquierda de Liberación. Se casó, matrimonio del que resultaron dos hijos Gabriela y Armando. Gabriela por el personaje de la novela de Jorge Amado, a quien admiraba como escritor.
Cuervo amaba la poesía, que conocía ampliamente sobre todo del poeta cubano Nicolás Guillén. Relataba que durante las torturas padecidas en los calabozos cuando lo detuvieron por sus cercanías de jurista con los tupamaros, sus poemas aprendidos de memoria y repitiéndolos permanentemente lo salvaron de la locura. El atentado a su casa del barrio montevideano Luna de Malvín y las amenazas a él y su familia, determinaron su prisión. Cuando sus torturadores se enteraron de su nacionalidad propusieron que se fuera o lo mataban. Aceptó y regresó a Colombia su país natal, que de niño dejó cuando sus padres se lo llevaron a Cuba.
Decía que su mamá fue la primera secretaria del Congreso de la República, donde conoció a José Eustacio Rivera, siendo su padrastro el embajador de Cuba Lamar y Galvis, que al finalizar su gestión diplomática decidió con su familia regresar a la isla. Armando Cuervo Romero llevaba el apellido de su madre porque a diferencia de “Lillo”, apocope de Manolillo y “Presi”, como le decían a su segundo hermano, figuraba como hijo de su tía Rosa. Armando no era hijo del diplomático, afirmando, que lo era del escritor y poeta huilense autor de La Vorágine.
Hacia el 83, a Cuervo lo echaron por su alcoholismo de la Incca, a pesar de ser un maestro de excelencia y un magnífico profesional, con oficina en el centro de la ciudad. Al morir, su funeral sólo fue acompañado hasta el Cementerio Central por muy pocos docentes y miembros del Partido Comunista de la Universidad y por personas humildes a las que gratuitamente prestó sus servicios sacándolos de la cárcel.
¿De dónde le nacía al doctor Armando Cuervo Romero, la historia que aseguraba ser verdadera? Su mamá era residente en Estados Unidos desde el triunfo revolucionario, quedándose en la isla el embajador Lamar y Galvis con Manolillo. Ella Vino a visitarlo a Bogotá y cuando en el Hotel Tequendama él la interrogó, preguntándole sí era hijo del importante escritor colombiano, le contestó: “Me llevaré este secreto a la tumba”.




