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Jueves, 1 de octubre de 2026

Manipulación de la información

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Alfonso Luna elecciones 2014
Por Alfonso J. Luna Geller

En medio del conflicto, y en las relaciones cotidianas de los periodistas con organismos del Estado, o con fuentes oficiales de carácter gubernamental, ONG, y con otros grupos económicos o sociales que intentan influir sobre la opinión pública, así como los mismos delincuentes, siempre intentan una manipulación indelicada o sutil del comunicador para hacer públicas informaciones exclusivas que sólo revelen lo que convenga a sus exclusivos intereses, en las que se utilice un lenguaje “políticamente correcto”, aquel que les favorezca directamente, el que estimule en la gente emociones, sentimientos, casi nunca la razón ni el análisis o el conocimiento. Eso son la mayoría de los boletines que expiden las oficinas de prensa, obligadas a cuidar o publicitar una imagen, con la intención de sensibilizar y producir consenso social, lo cual puede ir en contravía del rol crítico o independiente que deben tener los medios de comunicación.

Un aprendizaje que se desprende de esto es que hay casos en que los periodistas han cedido espacios de independencia informativa con el fin de garantizar su acceso a información privilegiada, o a los presupuestos, provocando con esta situación cierta instrumentalización de los medios como “cajas de resonancia” de los intereses del poder, en contravía del interés público de recibir información con contraste o con mayores puntos de vista.

En la actualidad, la censura real, directa, a los medios de comunicación prácticamente ha desaparecido, pero quedan otras maneras de manipular y desinformar a la opinión, por eso las oficinas de prensa planean y diseñan estrategias informativas cargadas de propaganda o de ocultamiento de hechos para que aparezcan en noticieros y en las agendas cotidianas de los medios evitando efectos políticos negativos. Esto se hace conscientemente o no, cuando responde a exigencias superiores, por eso, para destacar los métodos de manipulación mediática Noam Chomsky los clasificó en “Las diez estrategias de manipulación mediática”.

Infortunadamente, y no estoy diciendo nada nuevo, la prioridad de periodistas y medios de comunicación es mostrar la noticia día a día, saturando incluso los noticieros con informaciones, pero sin permitir análisis detallados que contribuyan a entender realmente la realidad social, pero evidenciarlo puede dar nuevas oportunidades a informaciones más consultadas, confrontadas y basadas no sólo en declaraciones oficiales de algunos de los actores, sino ante todo en los testimonios e historias de vida de las comunidades, no de las «masas» populares, así como en el análisis de hechos históricos.

Si los periodistas logran informaciones que ofrecen antecedentes, posibles consecuencias y, en fin, todo un contexto, se podrá entonces hablar de ganarle la batalla a la desinformación y la propaganda que hoy se cuelan por entre los espacios noticiosos.

En conclusión, manipular la información es tratar de influir en las personas a fin de dominarlas fácilmente y ponerlas al propio servicio, lo cual implica un rebajamiento de nivel, un envilecimiento, pues como decía el español Alfonso López Quintás, director de la «Escuela de Pensamiento y Creatividad», no se le habla a la inteligencia, no se respeta la libertad creativa; simplemente se halaga el apetito de sensaciones gratificantes a fin de orientar la voluntad, es el arte de seducir que opera a través de automatismos, no de razones: “Para dominar al pueblo de esta forma basta reducirlo de comunidad a masa, concepto más bien cualitativo que cuantitativo. Las personas, cuando tienen ideales valiosos, convicciones éticas sólidas, voluntad de desarrollar todas las posibilidades de su ser, tienden a unirse entre sí solidariamente y estructurarse en comunidades. Debido a su cohesión interna, una estructura comunitaria resulta inexpugnable. Puede ser destruida desde fuera con medios violentos, pero no dominada interiormente por vía de asedio espiritual. Si las personas que integran una comunidad pierden la capacidad creativa y no se unen entre sí con vínculos firmes y fecundos, dejan de integrarse en una auténtica comunidad y se masifican, se reducen a un montón amorfo de meros individuos. Al carecer de cohesión interna, la masa es fácilmente dominable y manipulable por los deseosos de poder. Ello explica que la primera preocupación de todo tirano –tanto en las dictaduras como en las democracias, pues en ambos sistemas políticos existen personas deseosas de vencer sin esforzarse en convencer– sea privar a la gente de capacidad creadora en la mayor medida posible. Este despojo se lleva a cabo mediante las tácticas de persuasión dolosa que moviliza la manipulación”.

He sido testigo de que con sólo conocer tales recursos y manejarlos hábilmente, una persona poco preparada pero astuta, una de aquellos ‘vivos’ que nos rodean, puede dominar fácilmente a personas y pueblos enteros si éstos no están sobre aviso; es cuando el pueblo queda intimidado, no ejerce su poder crítico, acepta ingenuamente lo que se le propone y a quien critica o exalta contextos de la realidad, intentan convertirlo ilusamente en el enemigo público, siendo todo lo contrario.

El gran teórico de la comunicación M. MacLuhan acuñó la expresión de que «el medio es el mensaje«: no se dice algo porque sea verdad; se toma como verdad porque se dice. La televisión, la radio, la letra impresa, los espectáculos de diverso orden tienen un inmenso prestigio para quien los ve como una realidad prestigiosa que se impone desde un lugar para uno inaccesible. El que está al tanto de lo que pasa entre bastidores tiene algún poder de discernimiento. Pero el gran público permanece fuera de los centros que irradian los mensajes.