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Lunes, 5 de octubre de 2026
martes 7 junio, 2011 a las 7:29 am

Madriguera idiomática
Por Jairo Cala Otero / Periodista cultor del español correcto
1. «Miguel Nule, uno de los socios de la famosa firma contratista emproblemada, se despachó…»: Una conocida revista, que circula cada semana en Colombia, «se despachó» también con un término sin cabida en el diccionario de nuestra Lengua: «emproblemada». Sería un participio si existiera el verbo «emproblemar», pero este también es espurio. Así que no es suficiente ser famoso y circular cada semana. También hay que ser cuidadoso con el idioma, si de usarlo cultamente se trata.
2. «Enhorabuena los académicos han resuelto que, a partir de ahora, la elle no tiene vida propia»: El exdirector de un reconocido informativo radial, a escala nacional en Colombia, se dejó leer a propósito de los cambios que empezaron a regir desde diciembre de 2010 en la Ortografía española. Pero se le coló un error: la palabra «enhorabuena», que significa felicitación. Lo que quiso decir el hombre de letras fue «en buena hora los académicos han resuelto…». Es decir, a tiempo, oportunamente. Una mala hierba rondaba, seguramente, al escritor.
3. «Precedido de la natural controversia, apenas obvia en un medio periodístico como el de la Bucaramanga de los albores de los años 70s…»: Un compositor de mal genio, abogado y excorrector de gramática y estilo es el autor de esta oración, en un resumen de lo que será un libro suyo. Incluyó esa peculiar forma que ahora se impuso de referirse a los años: agregando una ese (s) al final de los números cardinales de cada referencia. Escriben: años 70s, años 90s, años 60s… Basta el número, sobra esa intrusa ese (s): años 70, años 90, años 60…
4. «Dios te bendiga siempre al igual que toda tu familia»: Una cariñosa lectora del boletín idiomático «Español correcto», le escribió así al autor de este boletín. Buena intención, se le agradece públicamente; como se hizo en privado. Pero la expresión tiene la particularidad de estar ‘coja’. El deseo -eso se intuye- era que Dios derrame bendiciones sobre el autor y su familia. No obstante, en la oración lo que se dice es que Dios bendiga al autor, y que su familia también lo bendiga. Claro, eso no tiene nada de malo. Uno también puede bendecir a otras personas. Pero la oración no quería decir eso.
5. «…cuando el caballero iba pasando la calle, la lámpara instalada en el lugar se vino abajo y…poñoñóin… ¡ciudadano al piso!»: De una anécdota narrada por el abogado y excorrector de pruebas tipográficas Óscar Humberto Gómez Gómez, de Bucaramanga, se extrajo esta perla, opaca y deslucida, por supuesto. La escribió un «cronista» judicial hace muchos años, en un periódico de la capital de Santander. Quiso hacer tan gráfica su expresión que la escribió tal como la habría contado -a no dudarlo lo hizo- a sus amigos de tertulia etílica. Es lo que ocurre cuando se escribe tal como se habla: mal.
6. «La entrada a todos los eventos es gratuita y libre»: Un aviso propagandístico contenía esta redundancia. Cuando no usan los adverbios completamente, totalmente y absolutamente acuden a estas formas repetidas. ‘Gratuita’, sabemos que significa sin pagar nada; y ‘libre’, con el mismo sentido de permitirse la entrada a un lugar sin pagar dinero, es su equivalente. Corrección: «La entrada a todos los eventos es gratuita». Así habría quedado libre de errores el aviso.
7. «Necesitas un collar, aquí, en el cuellito de lentejuelas»: Pregunté, con insistencia, a mis amigas dónde está ubicado el «cuellito de lentejuelas», en el cuerpo de las damas. La tarea resultó infructuosa: ninguna me dio razón. No me darán razón nunca, ¡porque ellas tampoco lo saben! Y no lo saben porque «cuellitos de lentejuelas» no hay en la anatomía femenina. Lo que pasó fue que un libretista de televisión cometió esta falta de sintaxis, y un actor repitió textualmente esa falla. Arreglémosla, aunque ya fue emitida al aire: «Necesitas, aquí en el cuellito, un collar de lentejuelas». Sintaxis, orden de las palabras en las oraciones.
8. «Tenía manchas de color rojo y amarillo»: La concordancia, como su nombre lo indica, sucede cuando hay coincidencia de género y número entre las palabras variables. En la oración el yerro consistió en que si se habló de dos colores (rojo y amarillo), ese sustantivo (color) debió escribirse en plural para que hiciese concordancia con aquellos adjetivos: «Tenía manchas de colores rojo y amarillo». Conclusión: quedó «descolorida» la oración.
9. «Allá nos vemos, en vivo y en directo»: Una conocida presentadora de televisión, que regularmente nos cuenta cómo se mueve la cosa política, es necia repitiendo esta expresión. Está convencida de que «en vivo y en directo» dice un único asunto. Pero no es así. Si una transmisión es «en vivo», significa que no hay grabación alguna; si es «en directo», igual: no hay diferido en la transmisión. Una de las dos palabras sobra. En vivo, punto; o en directo, punto. Pero no ambas.
10. «Nos vemos en la radio»: Ella, la misma presentadora, también insiste a diario en que nos ¡veamos en la radio! ¿Cómo harán quienes la escuchan para verla también en la radio? Una sentencia de esta magnitud denota que el sentido común -del que se dice que es el más común de los sentidos- brilla por su ausencia a la hora de hablar. «Sintonícenos en la radio»; «Escúchenos en la radio», por ejemplo, son dos alternativas para ese barbarismo.
11. «Si se comprueba que no se cumplieron con los compromisos…»: No sólo está en «el ojo del huracán» por cuenta del famoso carrusel de las contrataciones oficiales. El Alcalde de Bogotá también queda como metepatas, cuando habla. La expresión que aquí se cita es suya. Porque tiene un verbo (cumplir) en plural, y eso daña la construcción gramatical. Debió haber dicho: «Si se comprueba que no se cumplió con los compromisos…»; o también: «Si se comprueba que no se cumplieron los compromisos…». Sin la conjunción ‘con’. Así es menos azarosa la situación del nieto del exdictador Gustavo Rojas Pinilla. (Ahora se escribe el prefijo ex unido a la base léxica: dictador, en este caso).
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Preguntan los lectores
Profe, pláceme saludarlo y desearle que se encuentre bien de salud y bien en general.

Dos inquietudes:

Por favor me aclara cuándo es correcto referirse al género masculino y al género femenino cuando de cargos o profesiones se trata. Ejemplo: gerente / gerenta.

Lo segundo: ¿Por qué el nombre de Adrián se tilda, y el de Cristian, no?

Como siempre estaré altamente agradecido.

Una feliz y encantadora noche.
Wilson Gamboa Ospina
Respuesta:
¡Hola, Wilson!
Gracias por escribirme.
1.- No existe una norma que indique cuándo hay que emplear vocablos femeninos. Lo que existen son palabras que tienen género masculino y género femenino. Se las usa, unas u otras, dependiendo del sustantivo al que uno se quiera referir. Ejemplos: el femenino de médico, es médica; el de abogado, es abogada; el de fiscal, es fiscala; el de doctor, es doctora; el de presidente, es presidenta, etcétera. Hay otras palabras que son ambivalentes: funcionan indistintamente con los dos géneros. Ejemplos: la periodista, el periodista; el estudiante, la estudiante; el comerciante, la comerciante, entre muchas otras.
2.- Adrián lleva tilde porque es palabra aguda. Recordemos que la norma ortográfica dice que son palabras agudas las que tienen el acento tónico (énfasis de la voz) en la última sílaba; y si terminan en N, S o vocal (a, e, i, o, u) tienen acento gráfico (tilde).
En cambio, Cristian es palabra grave; tiene acento en la penúltima sílaba, pero termina en N. La norma dice que las graves que terminen en N, S o vocal (al contrario de las agudas) NO llevan tilde. Hay palabras graves que se tildan: árbol, lápiz, ángel… Porque terminan en otras consonantes.
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