Lucy Amparo Guzmán evidencia tensiones en el liberalismo


La decisión de la exalcaldesa de Santander de Quilichao, odontóloga Lucy Amparo Guzmán González, de aceptar un lugar en la lista a la Cámara de Representantes por el departamento del Cauca, con el aval del Partido Liberal, es una declaración política que expone las fracturas internas del liberalismo regional, las tensiones por la representación de las mujeres y la disputa por el sentido mismo de la democracia partidista.
Bajo una consigna clara —“La dignidad no se negocia”— Guzmán anunció públicamente su inscripción como candidata con el número 102, dejando en claro que su permanencia en la contienda no obedece a una adhesión acrítica al partido, sino a una decisión tomada en medio de desacuerdos, inconformidades y presiones internas.
Un aval aceptado en medio de la inconformidad
En su pronunciamiento, la exalcaldesa fue explícita al señalar que el proceso de conformación de la lista liberal a la Cámara estuvo marcado por la falta de garantías y reglas claras. Un escenario que calificó como desgastante y, en algunos momentos, desalentador, al punto de contemplar seriamente la posibilidad de retirarse.
“No ha sido fácil tomar la decisión”, reconoció Guzmán, al relatar que su inconformidad fue expresada directamente ante la Dirección Nacional del Partido Liberal, a través del secretario general Jaime Jaramillo Branco y del representante a la Cámara César Cristian Gómez Castro. La crítica no fue velada ni diplomática: la forma como se estructuró la lista generó incertidumbre y puso en cuestión la equidad interna.
Sin embargo, el paso al costado no se concretó. Según la propia candidata, la presión no vino desde las directivas sino desde abajo: las bases, las mujeres, los liderazgos territoriales y su equipo político insistieron en que abandonar el escenario electoral implicaría ceder espacios que no se recuperan fácilmente.
“Los espacios de la democracia no se ceden”
Esa frase resume el núcleo político de su decisión. Guzmán acepta el aval liberal, pero se niega a asumirlo como un “cheque en blanco”. Se queda —según sus palabras— para “dar la pelea desde adentro”, con independencia, carácter y decencia.
El mensaje tiene destinatarios claros dentro del partido y fuera de él. Como mujer y lideresa, rechaza la idea de ser incluida solo para completar una lista o cumplir con cuotas formales. Su aspiración, afirma, no es decorativa ni testimonial: busca ser elegida y representar al Cauca desde el Congreso.
Este discurso conecta con una crítica recurrente en la política regional: la instrumentalización de liderazgos locales y femeninos en listas cerradas o abiertas donde las decisiones reales se toman lejos del territorio.
Un capital político construido en lo local
Lucy Amparo Guzmán no es una figura improvisada. Su paso por la Alcaldía de Santander de Quilichao le permitió consolidar una base política en uno de los municipios más complejos y estratégicos del norte del Cauca, atravesado por conflictos armados, tensiones sociales y profundas desigualdades.
Su candidatura intenta proyectar esa experiencia local al escenario nacional, en un momento en el que el Cauca busca mayor incidencia en las decisiones legislativas relacionadas con seguridad, inversión social, salud y enfoque territorial.
Respaldos desde las bases
El anuncio de su candidatura generó reacciones inmediatas en redes y círculos políticos. Mensajes como los de Patricia Suárez, Mauren Karine Castillo Serna y Óscar Castillo no solo respaldan su aspiración, sino que reflejan un malestar más amplio con la dirigencia liberal tradicional.
Las críticas no se dirigen contra la historia del partido, sino contra su conducción actual. Se cuestiona que una colectividad con tradición popular y reformista termine reducida por prácticas internas que, según sus militantes, desconocen el presente y comprometen el futuro.



