Un mundo feliz

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En este tiempo de virtualidad, sectas religiosas, información, herramientas tecnológicas, redes sociales, narcotráfico, fakes news, bots y celulares, me viene a la memoria una obra que leí hace tiempo: Brave new world, publicado en 1932, traducida al español como Un mundo feliz. Dicho relato plantea un panóptico en el cual no hace falta la torre de control. Los ciudadanos son fabricados; por tanto, no necesitan ser vigilados. Y a este estado llega un hombre de otro lugar del mundo, a una realidad distinta a la que ha vivido. Sólo debe desprenderse de lo que es. Tiene que extirparse, dejar la independencia y lo que ha sido para poder vivir en la sociedad. En ese mundo es el buen salvaje. Una atmósfera distinta en la que se encuentra, donde la técnica forja la realidad.
El mundo al que ha llegado el salvaje no se caracteriza por la libertad, la igualdad y la fraternidad. Con la ayuda de la técnica se ha forjado un aire distinto, dada la atmósfera que se respira: comunidad, identidad y estabilidad. En lugar de la libertad, como el acto en el cual se es autónomo para actuar, se plantea la comunidad, en la cual se halla el individuo subordinado al todo. La igualdad, que significa derechos básicos comunes a todos los hombres, de disponer de sí mismo, esto es, de ser libre y el derecho a la subsistencia, se plantea la identidad, es decir, la eliminación de la individualidad. Y en lugar de la fraternidad, como el lazo de unión y afecto y solidaridad, basada en el respeto de la dignidad humana y la igualdad entre personas, se diseña la anulación de las diferencias. La estabilidad (stabilitiy) significa la eliminación de toda la dinámica social. En otros términos, el condicionamiento (conditionig), la total preformación del hombre por la intervención social, desde la generación artificial y la dirección técnica de la conciencia. En este punto, el relato de Huxley describe el sistema de la división social de los hombres. Existen los hombres alfa, beta, gamma… Los α son inteligentes. Los β son personal administrativo, hacen labores cotidianas; los γ, clase media y empleados; los Δ, grupos más bajos destinados a los trabajos duros y manuales.
El salvaje se encuentra en un mundo que está hecho. No hay posibilidad del cambio social. La clasificación genética de la sociedad garantiza la estabilidad, pues los hombres están programados. También existe el soma, una droga que garantiza estar libre de cualquier duda, dolor o tristeza. La droga y la hipnopedia, técnica que consiste en aprender o recibir mensajes y estímulos auditivos mientras se duerme, hacen posible una sociedad donde no hay deseo de cambio. Un mundo feliz donde no hay críticos, escépticos, analíticos, reflexivos, pues se considera que la atmósfera política vigente encarna la verdad. Mucho más que la autonomía, la capacidad de pensar por sí mismo carece de sentido y el algo subversivo.
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