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Miércoles, 14 de octubre de 2026

Lucy Amparo asume la L-102 y desafía a la cúpula liberal

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Ni relleno, ni sumisa. Lucy Amparo asume la L-102 y desafía a la cúpula liberal

Por Periscopio Político

En un escenario político donde los avales suelen entregarse a puerta cerrada y bajo la lógica del «bolígrafo» centralista bogotano, la decisión de Lucy Amparo Guzmán González de aceptar la candidatura a la Cámara de Representantes por el Cauca marca un punto de quiebre. La exalcaldesa de Santander de Quilichao ha dicho «sí» al número L-102, pero su aceptación no es un cheque en blanco para la dirección nacional; es, por el contrario, un acto de rebeldía con causa y una reivindicación de la dignidad regional.

Guzmán González, la salubrista que logró sanear las finanzas de Quilisalud y que gobernó la «Tierra de Oro» en los tiempos más oscuros de la pandemia y el estallido social, no llega a la lista liberal para ser una cifra más. Su mensaje es claro y retumba desde el norte del Cauca hasta las oficinas de Bogotá: no será relleno de nadie.

El «Manoseo» de la Dirección Nacional

La aceptación de este aval viene acompañada de una crítica feroz y necesaria hacia la cúpula del Partido Liberal Colombiano. Lucy Amparo ha alzado la voz contra el constante «manoseo» y la falta de seriedad en la entrega de avales, señalando directamente la gestión del director del Partido, el expresidente César Gaviria Trujillo, y de su secretario General, Jaime Jaramillo Urango.

Para la lideresa caucana, el partido ha perdido su brújula ideológica en manos de una burocracia bogotana que desconoce las realidades de la provincia. La demora, la incertidumbre y el trato dispensado a los líderes regionales no son solo faltas de respeto administrativo, son síntomas de una colectividad que necesita urgentes cuidados intensivos. Y si alguien sabe de diagnósticos y tratamientos para salvar instituciones en crisis, es Lucy Amparo quien llegará a recuperar un Partido Liberal que atraviesa una de sus crisis de legitimidad más agudas, señalado por analistas, disidentes y sus propias bases de haberse desdibujado ideológicamente para convertirse en una «famiempresa» al servicio de los intereses dinásticos de los Gaviria. Desde la Costa hasta el Sur del país, la crítica es unánime, la colectividad ha sustituido el debate de ideas por la dictadura del «bolígrafo», ejerciendo un liderazgo autocrático y centralista que prioriza el cálculo burocrático y las alianzas transaccionales sobre la vocación de poder real. Esta desconexión absoluta con la realidad del Cauca ha reducido al partido, ante los ojos de la opinión pública, a una maquinaria electoral oxidada, carente de democracia interna y administrada como un patrimonio privado donde los avales se negocian y los principios se subastan, ignorando el clamor de renovación que exigen los territorios.

Al rescate del liberalismo del Cauca

Lo que diferencia esta candidatura es su independencia absoluta. Guzmán González no asume la L-102 para rendir pleitesía a nadie, sino para rescatar las banderas del verdadero liberalismo, ese que defiende la Constitución del 91, que entiende la salud como un derecho y no como un negocio, y que se pone del lado de la gente y no de las maquinarias.

«Llego a ganar y a recuperar el liderazgo perdido», es la premisa. Su hoja de vida, forjada en la academia como docente y en el barro como lideresa social, le da la autoridad moral que a muchos les falta en el Congreso. No es una improvisada; es una mujer que conoce el dolor de la guerra, la necesidad del hospital rural y la urgencia de la inversión social.

La voz de la mujer caucana

El Cauca no necesita más congresistas mudos ni levanta-manos. Necesita el carácter que Lucy Amparo demostró cuando estabilizó los hospitales de Corinto y Miranda, o cuando se paró firme ante las crisis de orden público en su municipio.

Al aceptar el llamado de las comunidades que le exigieron no retirarse y dar la pelea desde adentro, Lucy Amparo se convierte en la esperanza de una renovación política real. Su llegada al Congreso promete ser tan contundente como su gestión local, hablará fuerte, defenderá los recursos del departamento y, sobre todo, demostrará que el liderazgo de la mujer caucana no se doblega ante los caprichos de un escritorio frío en Bogotá.

El Partido Liberal en el Cauca tiene ahora, en el L-102, una opción que no representa el pasado de la maquinaria, sino el futuro de la gestión con resultados. La salubrista ha entrado al quirófano de la política nacional, y el pronóstico para las viejas prácticas es reservado.

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