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Miércoles, 7 de octubre de 2026
jueves 17 mayo, 2012 a las 7:39 am

LOS EROS DE ALFONSO RENZA

Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca

Dibujo de Alfonso Renza


Alfonso Renza es un artista egresado de la Facultad de Artes de la Universidad del Cauca. Desde hace varios años reside en España, donde ha continuado su búsqueda insistente; ha participado en varias exposiciones individuales y colectivas, y esta semana está exponiendo en Valencia, España.


Sus últimos trabajos vienen de un linaje hipererótico; socavan la mirada, abruptan toda inocencia respetuosa del cielo. Hombres masturbantes muestran con crudeza su secreto acto; toda inhibición ha clausurado sus probables puertas, nos convierten en invitados voyeristas de lo íntimo. El dibujo lacera con sus líneas de bolígrafo; son tramas de un buen oficio dibujístico que se sobra en cuerpos cargados de deseo, anatomías como destino de miradas intimantes.


El procedimiento juega un papel de apropiación; fotos o grabados ajenos pasan a manos del artista, se transforman, anexan un contexto de participación mixta; la imagen inicial se torna testigo, contemplador pasivo de tal hecho sexual. La totalidad es un cuadro hecho sin reservas moralizantes; el atrevimiento de la imagen quiere ser mostrado a todos; sin censura, sin darnos el privilegio de la duda; nos obliga simplemente a observar. Ya sean a partir de obras de Picasso, Doré o una foto de revista, las tramas del bolígrafo usurpan el tema inicial, lo tornan escenario de una líbido sin atenuantes ni posibles timideces. Están allí, aparecen abiertamente con su furia erótica, nos introducen inmediatamente en el fardo lascivo de los cuerpos.


Hoy en día el submundo del porno señala un tiempo sin prohibiciones; el pecado ha quedado restringido a las miradas timoratas, el arrojo ha quitado todos los tapujos. Estas imágenes obsesivas de Alfonso Renza no son fáciles de aceptar; pasan por nuestra vista (la vista de quien quiera ver sin escándalo ni la lanza de la moralina) con intención directa, el eros es su naturaleza propia. A veces una propensión sacrílega puede asomar con fuerza imprecatoria. El buen e inteligente observador sabrá dimensionar serenamente estos cuadros sin la oscuridad de los prejuicios; toda oscuridad, precisamente, desaparece aquí a la luz de las demandas que lo censurable no ha podido instaurar como reserva.

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