Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Jueves:
Popayán 5 y 6
Cali 5 y 6
Jueves, 1 de octubre de 2026

Los elementos clave

Los elementos clave

Sebastián Silva-Iragorri

En cualquier situación y expresión y en todas las circunstancias de la vida hay unas condiciones esenciales y especiales que definen, califican y producen las respectivas acciones y omisiones.

Es necesario conocer esos motivos y concientizarlos para encontrar explicaciones o fundamentos que nos permitan comprender actitudes y conductas que sirvan para corregir o mejorar nuestro proceder.

En ocasiones, las personas actúan movidas por causas internas no conocidas a profundidad.

A veces me pregunto ¿Por qué existe la corrupción y cuál es el motor de esa práctica negativa y condenable? Hay innumerables respuestas, pero la más general es que responde a la ambición, al egoísmo, a la obtención de riqueza fácil, al deseo de sobresalir con dinero y a otras condiciones para mostrar habilidades, pensando que son inteligencia y poderío, en combinación con falsas valentías.

¿Cómo explicar que hay sociedades en que se va volviendo corriente la deshonestidad y llega hasta aplaudirse?

Siempre escuché en los ámbitos familiares y educativos frases que muchos de ustedes también escucharon en sus casas y de sus profesores: “Todo en la vida con el tiempo se sabe”. “El que la hace la paga”. “Lo que por agua viene por agua se va”. “Lo mal habido no da frutos”. “El Ladrón cae tarde o temprano”. “El corrupto no duerme tranquilo”, y muchas más que ustedes mismos pueden aportar.

¿Por qué entonces ante tantas advertencias claras y concretas existe ese empeño por practicar la corrupción y el soborno?

Es aterrador e increíble encontrar a diario estadísticas que muestran los índices de descomposición subiendo aceleradamente.

Aterrizando en nuestro país, es insólito encontrar altos niveles de corrupción bajo argumentos de justificación como la existencia de desigualdades e injusticias motivantes. No creo en esas explicaciones, porque la orientación hacia modalidades corruptas se anida en el corazón de las personas por falta de condiciones de formación ética y ausencia de afirmación en valores profundos de integridad.

Los elementos clave

En Colombia se han ejecutado tantas modalidades de corrupción que nos haríamos interminables en enumerarlas, pero para dimensionar su perversidad basta con repasar algunas: ¿Cómo es posible que en Colombia se elija un Zar anticorrupción para luchar contra ese flagelo y ese Zar termina condenado por corrupción? ¿Cómo se explica que una campaña presidencial reciba dineros del narcotráfico y luego de mucho tiempo terminen los actores secundarios condenados por enriquecimiento ilícito en favor de tercero y el tercero termine absuelto con una votación política inexplicable? ¿Por qué magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que deben ser líderes y ejemplos de rectitud y honestidad, terminan investigados y condenados por corrupción y algunos huyendo de la justicia asilándose en otros países? ¿No es increíble que en una época reciente de nuestra historia tres contralores nacionales y un procurador hubieran terminado condenados por corrupción? ¿No les parece inaudito que un presidente del Senado y el presidente de la Cámara sean llamados a juicio por recibir sobornos para desviar y vender sus actuaciones funcionales?  ¿Qué tal la cantidad de congresistas y de ministros acusados, enjuiciados y condenados por corrupción aprovechándose de su poder? ¿Cómo es posible que una campaña presidencial viole los topes electorales y reciba aportes prohibidos y logre la elección de su candidato y nada pase?

Estos son algunos pocos casos que demuestran la magnitud de la corrupción enquistada en los diversos estamentos y niveles de los más diversos sectores.

Lo grave es que la impunidad impulsa más delitos y que cuando se protege y eleva a criminales a categorías reservadas a personas ejemplares o se los coloca en puestos de dirección e incluso a hacer las leyes estamos condenándonos a seguir en el pozo profundo de la corrupción.

Creo que es urgente iniciar un proceso cultural y de procedimientos vigorosos contra la deshonestidad convirtiendo esa lucha en uno de los propósitos fundamentales del Estado.

El próximo gobernante deberá tener la actitud y el valor para liderar sin contemplaciones una lucha frontal que empiece a enrutar nuestra Patria por campos de honestidad, integridad y decencia.


Otras publicaciones de Sebastián Silva-Iragorri en Proclama del Pacífico:

Sebastián Silva-Iragorri