LOS DECLARO MARIDO Y MARIDO
Reinel Gutiérrez
A raíz del concepto dado por el Presidente de los Estados Unidos Barak Obama sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, se ha generalizado el tema, si se entiende que este país es dominante en el mundo.
En varios lugares del planeta ya se ha aprobado, y estos compromisos han sido celebrados en medio de público invitado y curiosos, entrando al tiempo este acto dentro de la cultura, la cotidianidad y las costumbres de cada nación.
Pronto esto sucederá en todas partes y a Colombia podría llegar hasta por intermedio del TLC, entre todas las cosas y hábitos que van a enviar los norteamericanos. Claro que no sería algo nuevo porque ya muchas parejas de mujeres y de hombres conviven juntas, a escondidas de la sociedad, de la policía y del señor Arzobispo. Incluso hasta miembros de la propia iglesia tienen su amante clandestino, que cuando el cura muere alega sus derechos a los bienes y logros obtenidos. Convenios informales se han sucedido también en cárceles, conventos, reformatorios, y empresas de distinto orden.
Lo que no se ha oficializado es la ceremonia pública en un templo, o en un despacho judicial, que es el permiso colectivo que concede el estamento social, y que es como un pase o una licencia para compartir juntos, sin dar paso a chismes y murmuraciones.
Vivimos en un mundo cambiante, y para el caso de Colombia, país machista va a resultar difícil aceptar este tipo de contratos sociales, en los cuales se escuche la voz del oficiante diciendo «los declaro mujer y mujer», o los declaro «marido y marido». Tal vez sea necesario inventar la frase definitiva que de la orden para que se vayan juntos.
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