Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Lunes:
Popayán 9 y 0
Cali 9 y 0
Lunes, 5 de octubre de 2026
lunes 21 mayo, 2018 a las 3:30 pm

LOS AMORES CASEROS

LOS AMORES CASEROS
LOS AMORES CASEROS
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

LOS AMORES CASEROS

LOS AMORES CASEROS
Imagen de: https://bit.ly/2kbYLOE

A Lucy Amparo, donde mi segunda casa

El amor por la casa es un sentimiento puro. Sin interés mezquino, sin orgullo de abolengo ni de lujos. Se quiere la casa porque es donde uno nació. No tanto por la construcción o el material o el diseño o el barrio. Porque es donde uno aprendió a mirar el mundo, allí aprendimos a leer, a ver de manera sencilla la vida. Como nos la mostraron mamá y papá.

Nací de padres maestros. No tenían herencia ni casa propia. Vivíamos en casas donadas por el gobierno departamental en cada pueblo a donde íbamos. Recuerdo que a veces sentí envidia porque no teníamos casa propia. Me hicieron matoneo algunos compañeros de colegio.

Sí. La casa es el hogar materno y paterno. En donde uno tomó tetero, aguadepanela y mazamorra de dulce, donde aprendió a leer sentado en el suelo y montado en los buses troles de Bogotá cuando pasaba frente a letreros y avisos en los buses. Mi tía Otilia me iba diciendo cómo se leía, qué letras eran y qué significaban. Todo eso era parte de la casa. Lo más familiar lo más íntimo y sencillo. Donde uno se sentía Ser y con vida propia.

La casa, entonces, tiene un significado simbólico. No es tanto el inmueble. Sino en donde hay calor de hogar, intimidad. Allí uno puedo andar libre de ropas sin que nadie lo husmee o lo critique y come papa, yuca y arracacha, sancocho y colí, aguacafé con leche y pan en el desayuno. Lo que haya. Pertenezco a un sector de la sociedad que no tiene timbres ni privilegios. Pero eso sí, tuve una Nana que aún la adoro.

La casa, aún me huele. A cajones con ropa y libros y guardados de comida para que no comiéramos a escondidas. Atrás había un solar inmenso con gallinas que las perseguíamos para tentarlas a ver si ya iba a salir el huevo.

De la primera comunión en Choachí me acuerdo que como hijo del maestro llevé la bandera de primero en la fila. Con tan mala suerte que me ganó el viento y la bandera se enredó en las cuerdas del alumbrado y se rasgó. Eso me valió una fuetera cuando volvimos de misa. Eso es la casa que yo amo. Me recuerda cómo mi madre en su canto me sacaba los piojos y me libraba de andarme rascando.

Ahh… qué recuerdos. Tengo más y algunos cruentos. Entré luego al seminario y nunca estrené la casa que mis padres  compraron en el Barrio Quiroga de Bogotá. Esa es la casa de uno. Y las que tuvimos en tantos pueblos en donde como gitanos nos tocó habitar. Pero hogar solo hay uno: el de papá, mamá y hermanos.

El de los recuerdos y en el que nadie se tiene que entrometer. Con puerta para entrar, sala para estar, alcoba para dormir y comedor para almorzar. Y, arriba, el sol, la lluvia y el cielo.

20-05-18                                   9:54 a.m.

************************

Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

Articulos relacionados

domingo 4 octubre, 2026 a las 6:57 pm

Contraloría pone bajo lupa las finanzas de Caldono

domingo 4 octubre, 2026 a las 9:42 am

Elecciones a un año