Los 30 de PROCLAMA. ¡Feliz cumpleaños!


Es muy placentero para mí unirme a esta celebración, teniendo en cuenta que los nortecaucanos en las últimas tres décadas hemos contado con un periódico que en cada edición nos recuerda que la libertad de prensa se basa en la libertad de opinión; es decir, consiste en que los periodistas y los colaboradores de este cercano medio de comunicación podemos expresar libremente nuestros pensamientos y emitir sin cortapisas las noticias que se elaboran en la cotidianidad de nuestra región.
Desde sus comienzos y hasta ahora, el progreso del periódico ha sido notorio y en el momento constituye una lectura obligatoria por la variedad de artículos, la veracidad de sus noticias y la objetividad de sus comentarios, pero sobre todo como es nuestro periódico de provincia, sentimos por él un cariño fraternal, como si fuera alguien a quien estamos esperando siempre pendientes y de quien, cuando recibimos noticias, nos alegramos y conmovemos hasta las más profundas raíces de nuestro corazón.
Una de las cosas más gratas que me han pasado en este oficio de escribir y opinar es precisamente cuando en Bogotá, Popayán, Cali, Santander de Quilichao, Puerto Tejada y en otras poblaciones amigos y gente del común, en forma desprevenida pero emocionada, me dicen: “Siempre lo leo en PROCLAMA…”.
Esto me señala que PROCLAMA es nuestro periódico. Leerlo en su edición impresa o digital es como recibir en nuestra casa a un amigo fiel y sincero, a quien se atiende con esmero, con cordialidad y con confianza. Es como sentarnos a oír las confidencias de alguien que nos quiere y nos estima. Leer PROCLAMA es como enterarnos con interés y seriedad de las cosas que suceden a nuestros vecinos, en este caso a nuestros paisanos o coterráneos y que nos alegran o entristecen, según sea el caso.
Yo personalmente tengo por PROCLAMA y su director, Alfonso Luna Geller, un afecto especial y sincero, porque en sus páginas perdí el miedo a decir lo que siento o lo que vivo. PROCLAMA, por 30 años, me ha abierto sus puertas para que demuestre por escrito lo que todo ser humano necesita decir y compartir y que solamente se puede hacer a través de un medio de comunicación tan importante y respetuoso de la ideas como éste.
El derecho a la libre expresión es uno de los más fundamentales, ya que es esencial a la lucha para el respeto y promoción de todos los derechos humanos. Sin la habilidad de opinar libremente, de denunciar injusticias y clamar cambios, de criticar con responsabilidad, de decir las verdades a nuestros gobernantes y dirigentes, de servir de puente a las comunidades y pueblos, el ciudadano de a pie, los que no tienen voz y quien los mantenga informados está condenados a la opresión y el engaño.
Ser periodista en el Cauca es muy difícil y hacer periodismo mucho más, porque editar y publicar un periódico como PROCLAMA durante 30 años ha implicado tener un aferrado amor por el periodismo y por la región.
Por ello creo no equivocarme al afirmar que no hay periodismo sin periodistas, ni democracia sin periodismo. Por tanto, no hay democracia sin periodistas. Afortunadamente, pese al haber pasado angustias, dificultades, afanes e incomprensiones, PROCLAMA hoy sobrevive, no solo por la tenacidad y perseverancia de su director y su querida familia Luna Criollo, sino porque en todos estos años han habido amigos, lectores, mandatarios locales y gobernantes, funcionarios y servidores públicos, que han entendido que tener un medio de comunicación en la región es contribuir a la lucha por la libertad de expresión, que nos corresponde a todos, ya que es la lucha por la libertad de expresar nuestro propio individualismo. Respetar la libertad de los demás a decir cualquier cosa, por más ofensiva que la consideremos, es respetar nuestra propia libertad de palabra.
Sin periodistas, sin información plural, veraz, crítica y contrastada, no hay democracia posible. El periodismo y la libertad de expresión, de la que se vale y a la que ampara, están en la base de nuestro sistema democrático. Por eso, cuando oímos hablar de crisis del periodismo o, al menos, de un modelo de negocio periodístico en apuros, deben saltar las alarmas. Porque el periodismo, y los periodistas, son, y deben ser, ante todo, vigilantes del poder. De todas las formas de poder.
Por ello nunca me cansaré de sugerir que quienes en las mieles del poder manejan presupuestos jamás vacilen en ayudar con las pautas publicitarias a un medio de comunicación de provincia para que este pueda sobrevivir y mejore sus condiciones de actualización con las nuevas ayudas tecnológicas que se ofrecen con los cambios audiovisuales y cibernéticos.
La sobreabundancia de información exige más que nunca la capacidad para que el periodismo desde la región ejerza una labor clave en cualquier democracia: Ser vigilantes del poder y abogados defensores de las libertades públicas. Y eso solo es posible a través de unos medios de comunicación libres, económicamente solventes e independientes. PROCLAMA en sus 30 años ha demostrado que la credibilidad de la prensa se mide por la defensa de los intereses generales.
Finalmente quisiera expresar que la ética periodística demostrada por PROCLAMA, pese a sus controversias y a veces preferencias políticas, ha sido también el camino imprescindible para lograr el mejoramiento y la excelencia en cada edición, porque “la gente ya no traga entero”. Es la ética periodística la que distingue a los periodistas de los intrusos, de los que se disfrazan de periodistas y no lo son.
Una acogencia en los lectores que ya no es únicamente receptora de noticias y que exigirá a la hora de informarse, y digo informarse y no entretenerse, información contrastada y elaborada bajo criterios profesionales y de ética periodística, por eso al unirme a esta importante efemérides digo de todo corazón a la Familia PROCLAMA, ¡Feliz cumpleaños!



