LO QUE SE DICE NO LO DIJE
Por Alfonso J. Luna GellerUna lamentable sorpresa tuve la tarde del Sábado 26 de diciembre cuando desprevenidamente le comenté a un amigo que me sentía incómodo porque Eugenio Gómez, ex presidente del Directorio Liberal Municipal de Santander de Quilichao, desde que se produjo la posesión del nuevo Directorio, el pasado 7 de Noviembre, había decidido quitarme el saludo supuestamente porque me había expresado en contra de sus aspiraciones a reelección.
A pesar de haber compartido tantos años una amistad sincera y leal con él, dije con mi sello personal o más bien, como impresión de mi propia huella digital, que era necesario un cambio en la mesa directiva, por las nuevas circunstancias de la política local y regional y, ratifico, porque Eugenio había hecho del cargo una herramienta para resolver asuntos personales y familiares, y porque ni siquiera había votado en Santander de Quilichao por los candidatos locales del Partido, sino que presuntamente lo había hecho en Puerto Tejada, por su hijo, que fue candidato a la Alcaldía de esa ciudad. Contrariamente a esta característica de su accionar, siempre he pensado que la Política es la suma de procesos orientados ideológicamente hacia la toma de decisiones para la consecución de los objetivos del Partido, no los personales. El amigo entonces, me informó que el problema que Eugenio le había explicado era otro.
Mi comentario lo habían convertido en falacia, pero me entere de ello apenas ése Sábado, casi dos meses después de que había expresado mi opinión. Estuve ‘sano’ del sofisma que había calado en Eugenio, y traté inclusive de recuperar, sin conocer las motivaciones ajenas, una amistad que para mí ha sido valiosa. Le habían contado que yo dije que el cargo que le habían concedido a su hija como directora de la sede norte del Cauca de la CRC no se debía a su profesionalismo o a las diligencias propias de la compensación burocrática, sino a que como linda mujer que es ella, había hecho otro tipo de “concesiones” para lograr el puesto.
Alguien por hacerse célebre a costa del supuesto desprestigio mío, dijo lo que nunca dije. Nuevamente el más antiguo y cobarde instrumento de maldad, la calumnia, puso en mi boca algo que precisamente aborrezco: opinar sobre la vida íntima de las personas. En más de 30 años que llevo opinando y construyendo noticias, jamás he caído en este tipo de argumentos, ni lo haré ahora que cuento con la suficiente experiencia, credibilidad y satisfacción necesarias para obrar con respeto y sensatez, pero con fortaleza y conocimiento, y por eso la razón que me dio el amigo me afectó al extremo.
Llamé entonces a Eugenio para presentarle mi argumento real sobre el por qué no estoy de acuerdo con sus actitudes políticas; pero, como dicen las abuelas, de la calumnia algo queda, tiene un poder extraordinario y el residuo de sus devastadores efectos resiste que su insidia sea enérgica y conclusivamente refutada. He confirmado, en carne propia, que la calumnia es el arma favorita de los traidores; la sempiterna agresión rastrera y furtiva de quienes son incapaces de escalar por sus propios medios; hoy me afectó a mí, pero con la conciencia tranquila seguiré insistiendo en la necesidad de rechazar la posible nominación de Eugenio otra vez como presidente del Directorio Liberal Municipal de Santander de Quilichao, respetando, como siempre, a cada uno de los miembros de su estimable familia.
No voy a retar a nadie que no conozco a que demuestre que yo dije lo que no dije porque el calumniador no va aparecer, el mentiroso es cobarde, incapaz de enfrentar la verdad y teme las consecuencias. Eugenio, por su actitud hacia mí, lógicamente tiene que saber quién es, pues supongo que recibió la información directa, pero confío en su capacidad de discernir con objetividad y sin cinismo para decidir quienes deben continuar siendo sus amigos. Como dirigente debería rechazar los intentos pre-electorales que afloran para fomentar malos entendidos, desprestigiar personas, crear división y acomodar situaciones infundadas, pero sin caer en el error de no aceptar la crítica porque es un derecho que tenemos todos los mortales.



