Llegó El Niño, se tienen que tomar precauciones

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“En un mundo que evoluciona, el que no avanza retrocede”.
Anónimo
Un fenómeno que altera las lluvias
Existe preocupación entre los habitantes de la denominada zona tórrida, especialmente en Colombia, ante la llegada del fenómeno de El Niño. Su presencia suele estar relacionada con lluvias escasas, aumento de la temperatura del océano y periodos prolongados de sequía.
El Niño es un evento climático asociado con el calentamiento del océano Pacífico oriental ecuatorial. Su comportamiento es cíclico, aunque no completamente regular. De acuerdo con el texto de referencia, algunos especialistas hablan de periodos de entre tres y cinco años, mientras que otros registros sitúan su aparición en intervalos de dos a siete años.
Este fenómeno corresponde a la fase cálida del patrón climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur, ENOS, o ENSO, por sus siglas en inglés. La fase de enfriamiento recibe el nombre de La Niña.
En sus manifestaciones más intensas, El Niño puede provocar alteraciones significativas en las regiones intertropicales y ecuatoriales. También puede ocasionar lluvias intensas en determinadas zonas, especialmente en la costa pacífica de América del Sur, mientras reduce las precipitaciones en otros territorios.
El calentamiento del Pacífico
Durante la evolución del fenómeno se produce un desplazamiento hacia el este de la denominada piscina cálida del Pacífico ecuatorial. Según la información suministrada, bajo esta condición la temperatura superficial en el Pacífico oriental ecuatorial puede superar los 20 grados centígrados y la termoclina puede alcanzar cerca de 50 metros de profundidad.
Los boletines citados en el texto señalan que la temperatura superficial de la piscina cálida aumenta con los efectos de la radiación solar hasta alcanzar aproximadamente 28 grados centígrados.
En ese punto, la cobertura de nubes reduce la influencia directa de la radiación solar. Este efecto ha sido descrito como un mecanismo de retroalimentación en el que intervienen el Pacífico tropical y las aguas profundas.
El documento también menciona un fenómeno multidecadal considerado como una expresión extendida de El Niño. Esta relación, al igual que las cifras técnicas incluidas, debe ser contrastada con organismos científicos y meteorológicos.
Colombia siente el impacto
Cuando el Pacífico se calienta, las consecuencias llegan al campo, a las fuentes de agua y al bolsillo de los colombianos. El aumento anormal de la temperatura del océano modifica los vientos y altera la distribución habitual de las lluvias.
No significa que deje de llover en todo el planeta. La variación consiste en que aumentan las precipitaciones en algunos lugares y disminuyen en regiones donde regularmente se presentan.
Colombia, por su ubicación en el trópico y su relación con los océanos Pacífico y Atlántico, está expuesta a esas alteraciones.
El texto identifica como episodios fuertes los registrados entre 1982 y 1983, 1997 y 1998, 2015 y 2016, y 2023 y 2024. También sostiene que durante 2026 se estaría afrontando un nuevo evento, dato que requiere confirmación oficial.
Menos agua y mayor presión sobre los embalses
Uno de los efectos más sensibles es la reducción de las lluvias. Según el documento, las precipitaciones podrían disminuir hasta un 60 % en las regiones Andina y Caribe.
Esta situación puede provocar sequías, desabastecimiento y reducción de los niveles de ríos y embalses. Entre los sistemas mencionados se encuentran Guavio, Chuza y Betania.
Cuando las reservas disminuyen, algunas ciudades pueden enfrentar medidas de racionamiento. Al mismo tiempo, los ríos pueden alcanzar niveles mínimos, con consecuencias para el consumo humano, la agricultura, la navegación y los ecosistemas.
Sin embargo, la intensidad del impacto no es uniforme. Depende de la región, la duración del fenómeno, las condiciones de los embalses y la capacidad institucional para administrar el recurso hídrico.
Incendios y pérdidas en el campo
La falta de lluvias seca la vegetación y aumenta el riesgo de incendios forestales. En esas condiciones, una chispa o un fósforo pueden desencadenar emergencias de gran magnitud.
El páramo y el bosque seco del Caribe aparecen en el texto como algunos de los ecosistemas más vulnerables. La presencia de cientos de incendios durante una temporada seca dependerá de la intensidad del fenómeno y de las acciones de prevención y respuesta.
El campo también enfrenta riesgos. Los cultivos de café, arroz, maíz y fríjol pueden sufrir pérdidas por falta de agua. Para los campesinos, el daño es doble: se pierde la cosecha y también el dinero invertido en semillas, insumos, fertilizantes, transporte y mano de obra.
Más calor y mayores riesgos para la salud
El aumento de las temperaturas es otra de las consecuencias señaladas. El documento sostiene que estas podrían ubicarse entre uno y tres grados centígrados por encima del promedio.
También indica que en la costa y los Llanos se han registrado jornadas con temperaturas cercanas a los 40 grados centígrados. Estas condiciones incrementan el riesgo de deshidratación y golpes de calor, especialmente entre niños, adultos mayores, trabajadores al aire libre y personas con enfermedades preexistentes.
El calor y la reducción de las fuentes de agua limpia también pueden favorecer la aparición de enfermedades gastrointestinales.
A esto se suma el posible aumento de enfermedades transmitidas por mosquitos, como dengue, zika y chikunguña. El Aedes aegypti, vector asociado con estas enfermedades, puede encontrar condiciones favorables para su reproducción en recipientes donde se almacena agua sin protección.
Aire contaminado y presión sobre la energía
Los incendios forestales deterioran la calidad del aire. La disminución de las lluvias también reduce la capacidad de la atmósfera para dispersar o remover parte del material particulado.
Esta combinación puede afectar especialmente a las ciudades y a las poblaciones cercanas a zonas incendiadas.
La generación de energía es otro punto de preocupación. El texto sostiene que Colombia depende en un 70 % de las hidroeléctricas. Cuando disminuyen las lluvias y bajan los embalses, puede ser necesario recurrir con mayor intensidad a plantas térmicas que funcionan con gas o carbón.
Esa sustitución puede aumentar los costos de generación y ejercer presión sobre las tarifas de energía que pagan los usuarios.
El impacto llega a los alimentos
La reducción de las cosechas también puede reflejarse en los precios. Una menor oferta de productos agrícolas tiende a aumentar el costo de los alimentos, especialmente cuando las pérdidas se combinan con mayores gastos de transporte, riego y alimentación de animales.
El documento menciona posibles incrementos en productos como papa, tomate, leche y carne. En el caso de la ganadería, la escasez de agua y pastos eleva los costos de sostenimiento.
La pesca también puede verse afectada por los cambios en la temperatura y en las corrientes del océano. De acuerdo con el texto, los pescadores artesanales de Nariño, Cauca y Chocó están entre las comunidades que podrían sentir sus efectos.
Ecosistemas bajo presión
El fenómeno también altera el equilibrio de los ecosistemas marinos y costeros. El aumento de la temperatura del agua puede afectar los corales, los manglares y las especies que dependen de esos ambientes.
La fauna puede desplazarse en busca de alimento, agua o temperaturas adecuadas. El texto menciona además el blanqueamiento de corales y afectaciones sobre los glaciares, aunque utiliza la expresión “blanqueamiento de glaciares”, que debe ser revisada técnicamente.
Cada uno de estos impactos tiene consecuencias sociales. La escasez de agua, la pérdida de cosechas, los incendios y el encarecimiento de los alimentos afectan con mayor intensidad a las comunidades con menores recursos y menor capacidad para responder a las emergencias.
Prepararse antes de la emergencia
El Niño no puede impedirse, pero sus consecuencias pueden reducirse mediante prevención, información oportuna y coordinación institucional.
El ahorro de agua, la vigilancia de los sistemas de abastecimiento, la protección de los bosques, la prevención de incendios y el acompañamiento a los productores rurales deben hacer parte de la respuesta.
También es necesario reforzar la vigilancia epidemiológica, eliminar criaderos de mosquitos y preparar los sistemas de salud para atender enfermedades relacionadas con el calor, la contaminación del aire y la calidad del agua.
El fenómeno recuerda que la disponibilidad de agua no es ilimitada. Protegerla durante una temporada seca significa cuidar el abastecimiento, la producción de alimentos, la salud pública y la convivencia en los territorios.
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