Líderes latinoamericanos buscando lo que no se les ha perdido



Hay algo profundamente simbólico —y profundamente preocupante— en saber que varios presidentes latinoamericanos han sido invitados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a viajar al norte en medio de una escalada militar encabezada por Estados Unidos junto a Israel frente a Irán.
No es una simple reunión diplomática.
No es una agenda técnica.
Es un gesto político en un momento de tensión internacional que puede incendiar una región entera.
Está previsto que participen el presidente de Argentina, Javier Milei; el de Paraguay, Santiago Peña; el de El Salvador, Nayib Bukele; el de Ecuador, Daniel Noboa, entre otros mandatarios que comparten afinidad ideológica con Trump.
La pregunta ya no es diplomática. Es moral.
¿Van a gestionar inversiones para sus pueblos o van a ofrecer respaldo político a una estrategia de confrontación militar?
¿Van a hablar de desarrollo regional o a tomarse la foto que legitime una narrativa de guerra?
Cuando América Latina se alinea automáticamente con conflictos que no nacen en su territorio, corre el riesgo de convertirse —una vez más— en satélite de decisiones tomadas en otro centro de poder.
Nuestra región no necesita bandos externos.
Necesita soberanía.
Necesita paz.
Necesita autonomía estratégica.
Respaldar una escalada contra Irán no es un gesto neutro. Es tomar partido en una confrontación con consecuencias impredecibles. Y ningún mandatario fue elegido para comprometer a su pueblo en guerras ajenas.
América Latina ya ha pagado demasiado caro cada vez que sus élites decidieron agradar al poder del norte en lugar de fortalecer la dignidad del sur.
Y si hoy viajan para aplaudir una agenda bélica, que lo digan sin eufemismos.
Que expliquen por qué consideran que esa guerra también es nuestra.
Porque no lo es.
No es integración regional.
No es diplomacia soberana.
No es cooperación estratégica.
Es alineación armada.
Y cada vez que América Latina se presta para eso, pierde algo más que independencia política: pierde memoria histórica.
Bien por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, que ha sostenido una posición de prudencia frente a involucrar a su país en conflictos que no responden directamente a su interés nacional.
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