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sábado 18 abril, 2015 a las 6:53 pm

Lecciones de reinserción en el Cauca

reinserción
Felipe Solarte Nates
Por Felipe Solarte Nates

 

Unas de cal y otras de arena; pero sin duda, ilustrativas de beneficios, males, riesgos y posibilidades generadas durante procesos de desmovilización de quienes por años se acostumbraron a vivir en cuadrillas armadas, fueron las historias y reflexiones expresadas por exintegrantes del M-19, Quintín Lame, desmovilizados hace 25 años y posteriormente las autodefensas de Ortega, Cajibío y un reinsertado del ELN.

Durante el evento “Reintegración desde el Cauca: Lecciones aprendidas”, organizado por la Agencia Colombiana de Reintegración (ACR), la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA y el Consejo Departamental de Paz, en un marco escaso de asistentes y pesimista por la mala noticia del 15 de abril, cuando murieron 11 miembros del Ejército y quedaron 20 heridos de una ‘mansalvera’ emboscada ejecutada por un comando de las Farc; las experiencias de vida de quienes pertenecieron a grupos armados irregulares, sin duda contribuirán a perfeccionar procesos de desmovilización de las FARC y el ELN, que deberán continuar y adelantarse, a pesar del grave incidente en la vereda Esperanza, municipio de Buenos Aires, cuando los guerrilleros violaron la tregua unilateral declarada desde el 20 de diciembre y el Gobierno nacional ordenó reanudar bombardeos contra campamentos de las FARC, retrocediendo a la premisa adoptada al iniciar conversaciones en La Habana, en noviembre de 2012, cuando tanto el Gobierno colombiano como el alto mando de las FARC, acordaron negociar en medio del conflicto.

Durante su intervención en representación del M-19, el diputado Amadeo Cerón recordó el difícil momento que vivía el país, debido a la lucha guerrillera y serie de atentados patrocinados por narcotraficantes y paramilitares encabezados por Pablo Escobar y los enemigos de la extradición. “El gobierno de Barco había perdido gobernabilidad y dirigentes del M-19 fueron conscientes de la imposibilidad de llegar al poder por las armas. Fue entonces cuando iniciaron contactos con el gobierno e impulsaron diálogos regionales, de gran importancia para legitimar y consolidar el proceso”. Sobre proyectos productivos en el campo y la ciudad emprendidos por los desmovilizados del M-19, reconoció que la mayoría fueron ineficientes.

“Es necesario capacitar académica, laboralmente y en cultura de paz a los desmovilizados para que puedan convivir armónicamente en comunidades que los acojan”, expresó el diputado. “El acompañamiento mutuo ayudó a que los desmovilizados no fueran cooptados por las FARC y otros grupos armados, aunque los territorios que ocupó el M-19 fueron copados por ellos. Hoy el proceso de reinserción es más complicado por lo relacionado con el reconocimiento, reparación de víctimas y la Justicia Penal Internacional, que no acepta indultos, ni amnistías a crímenes de guerra. En el Cauca estamos en mora de reconstruir sistemáticamente lo que fue el proceso”. Finalmente Amadeo Cerón hizo un llamado a vincular activamente en procesos de reinserción a las mujeres combatientes, pues tienen importantes experiencias de convivencia que deben rescatarse y no dejarlas perder, como desgraciadamente sucedió con las compañeras del M-19, que perdieron visibilidad y se diluyeron en la vida cotidiana, sin vincularse al liderazgo de proyectos de desarrollo social y productivo con bases comunitarias.

Eduardo Jiscué, hace 25 años, el conocido ‘Comandante Chepe’, del Quintín Lame, recordó el origen del grupo como respuesta de autodefensa a los grupos armados por los terratenientes, para asesinar a sus dirigentes, saliendo a la luz pública después del asesinato del padre Álvaro Úlcue. “Nuestro objetivo no era tomarnos el poder”. También recordó que algunos afros y mestizos se integraron a la guerrilla indígena. Desde 1988 evaluaron la vigencia de la lucha armada, decidiéndose por negociar la paz, desmovilizándose en Pueblo Nuevo, Caldono, el 31 de mayo de 1991, convencidos de que con las armas nunca lograrían la paz. Recordó que el 6 y 7 de marzo pasado, en La María, Piendamó, conjuntamente con excombatientes del M-19 evaluaron la experiencia armada, concluyendo que salieron perdedores, pues el Estado incumplió la mayoría de promesas. En el caso del QL, en gran número regresaron a comunidades en sus resguardos y organizaron a la Alianza Social Indígena, ASI, como partido político, para participar principalmente en elecciones para alcaldías, concejos, Asamblea y Gobernación; “pero el movimiento se acabó porque nuevos dirigentes cambiaron su filosofía y orientación”. Tampoco fueron desmontados los paramilitares que junto a guerrillas continuaron con desapariciones y asesinatos de líderes en el campo y pueblos. Como logro importante destacó la escuela de formación de líderes indígenas creada en Pueblo Nuevo para capacitar a jóvenes del Cauca, Nariño y Putumayo, que hasta la fecha a formado a más de 400 dirigentes.

Sobre los contrastes de buenas y malas experiencias los dirigentes de las comunidades de “Sembradores de Vida”, de Ortega, Cajibío, Rubén Darío Velarde y Guillermo Valencia, líder de las veredas vecinas a la hacienda Batanicos, en El Tambo, refirieron picantes y pedagógicas historias que reservo para la próxima columna.

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