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domingo 14 enero, 2018 a las 9:40 pm

LAS TRAMPAS ORTOGRÁFICAS

LAS TRAMPAS ORTOGRÁFICAS

LAS TRAMPAS ORTOGRÁFICAS

LAS TRAMPAS ORTOGRÁFICAS
Por Donaldo Mendoza

La definición de ortografía es uno de los primeros aprendizajes en la escuela, como la tabla de multiplicar, que nunca más se olvidan, pero… Ortografía, claro, es el ARTE de escribir correctamente las palabras (ORTO-: ‘recto’ o ‘correcto’ y -GRAFÍA: representación gráfica de lo escrito). En lo anterior hay consenso universal, pero… hay aspectos de la ortografía donde el tejido es muy fino y esconde más de una trampa.

Quienes mejor lo saben son los que tienen la costumbre de escribir, como los periodistas o escritores de profesión. Se pensaría que para esas personas la ortografía estaría entre las cosas “infalibles”. Qué más quisieran. Y la obra más leída y consultada son los diccionarios, que nunca faltan en su lugar de trabajo. Porque la ortografía es su ética, su estética y su prestigio. Con el peso de una responsabilidad gigante.

Con todas esas evidencias, se esperaría que para esos rigurosos obreros de la escritura no habría margen para la equivocación. Error. En la metáfora del “tejido fino” hay todo tipo de asechanzas, conspirando siempre. Por una razón: cuando la escritura ya es un hábito muchas operaciones se vuelven automáticas, al punto que pareciera que no se piensa, se atiende a un dictador misterioso para quien la ortografía no es camisa de fuerza.

Esa “dictadura” tiene nombre: homófonas y parónimas. Las homófonas son palabras que se escriben diferente pero suenan igual y tienen significado distinto: abrasar (quemar) y abrazar (rodear con los brazos), barón (título de nobleza) y varón (hombre), concejo (corporación edilicia) y consejo (parecer que se toma o se da), sumo (supremo) y zumo (jugo), grabe (forma del verbo grabar: labrar figuras o caracteres en superficies de metal, piedra, madera…) y grave (que padece una enfermedad o una lesión delicadas, o circunspecto, serio, que causa respeto y veneración). Las parónimas son palabras muy parecidas en su pronunciación y escritura pero muy diferentes en su significado: infligir (imponer una pena) e infringir (quebrantar una ley), eludir (rehuir, evitar) y aludir (referirse a algo o a alguien), devastar (asolar, arruinar) y desbastar (pulir, alisar), salobre (salado) y salubre (saludable).

¿Y a qué viene toda esta pedagogía gramatical? Respondería que a un exorcismo. En efecto, hace poco el diario El Pilón de Valledupar publicó un artículo mío en el que hago una propuesta: “Décimas para gravar en mármol” (algunas décimas del docente y escritor vallenato José Atuesta Mindiola). Pues lo que quise proponer fue que, en lugares apropiados de la ciudad, se instalen láminas de mármol que lleven grabadas (con b) esas décimas.

En suma, la intención del artículo es mostrar cómo un error ortográfico se puede presentar por razones distintas al desconocimiento de la ortografía. En el caso citado, es un desliz inconsciente del automatismo que opera durante el ejercicio de la escritura.

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