LAS IGUANAS DEL RÍO


LAS IGUANAS DEL RÍO

En el Río Cali habitan decenas de seres que convierten sus riberas en espacios de observación y descanso de los sentidos. Los oídos se deleitan con su rumor nemoroso y su canto, la vista con innumerables especies de plantitas, aves y árboles a su alrededor, el tacto con el viento y la frescura al paso por junto a sus aguas saltarinas sobre las piedras. Queda el gusto en ayunas mientras los peces rozan con sus dientes las lianas y hojitas de pasto que encuentran en su voluptuoso nado.
Como salgo muy de mañana a realizar mi saludable recorrido no he podido volver a ver las iguanas en lo alto de los árboles de iguas. Ellas viven de noche cerca a las aguas del río y allí hacen su vida marital y procrean sus pequeños reptiles de verde piel y con gris.
Pareciera que las iguanas son una especie más entre las existentes entre los habitantes de junto al Río. Fuera de ellas están los peces de diversas formas, las ranas y sus renacuajos, los guatines, pájaros de varias especies con plumajes coloridos como los petirrojos, azulejos, alondras, martín pescador, mirlas negras y grises, fuera de aves raras que aparecen y rápidamente hacen mutis por la curva del río.
Las iguanas solo aparecen en dos o tres sitios. Hoy no hace calor y el sol no luce en lo alto. Ellas empiezan a caminar con reptado lento ayudado por sus cuatro patas largas. Van arqueando su cuerpo multicolor y ascendiendo al frondoso árbol. Allá en la cima está su pareja. Empieza a mover su cabeza como llamándola y preguntándole algo. Su pareja no atiende su requiebro. Sigue subiendo en el árbol y vuelve a parar su viaje. No hay prisa, puede uno pensar. Son las 8:30 a.m. Hace una hora se levantaron.
El día es largo aún y hay muchas hojas que morder como lo hace cualquier mujer cuando quiere coquetear. Muerde y corta un milímetro de un hilo o de un pañuelo. Lo saborea con su lengua delgada y sensible. Vuelve a morder un tris de hoja verde del árbol igua. Su verde es intenso y de hoja gruesa. Es un árbol corpulento. Alto y grueso. Con muchos brazos frondosos y llega un viento propicio en esta mañana de mayo. Las dos iguanas siguen su juego y su cuerpo está que arde en su frío. Sus papadas están brillantes con sus colores predominantes rojo y verde y un granulado grisáceo.
El sol está aún apagado y es fría la mañana lagarta. Las iguanas nos miran y parece que se burlan. Ambas alzan airosas la cabeza y la mueven como si tuvieran sofoco por el calor del fuego que brota por dentro y las impulsa a mover con nervioso gesto la testa. Nuestra presencia tal vez las inhibe. Deberemos ausentarnos de esta gesta amorosa y así dar lugar al encuentro de esta pareja enervada en esta mañana callada. Es preciso respetar el ciclo animal que este paraje propicia.
06-06-18 11:26 a.m.
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