LAMENTACIÓN POR SIRIA



La poeta Gloria Cepeda, dolida por la suerte de Siria, ha querido compartir con sus abonados amigos, una muestra de los destrozos en su capital que la guerra intestina y con sus vecinos cercanos y lejanos ha causado.
Nunca se pensó que el conflicto interno por las reformas, que empezó hace ya cuatro lustros, se fuera a convertir en una dolorosa lacra que se ha ido extendiendo a todo su territorio. El mundo entero miró absorto cómo su Presidente se ha ido aferrando en el poder. Lo que parecía un afán de perpetuarse en su trono, poco a poco fue tomando ribetes de masacre y de guerra con otras naciones.
Hemos visto cómo una nación tan rica en historia y con monumentos en su capital y varias ciudades se han ido desmoronando ante los ojos de sus habitantes y del mundo entero. Damasco, Palmyra, Aleppo, Hama, Deir ez Zor, Homs, Bosra, Madaya, Zavadani, Fua, Kafraya, Idlib, Tabka, Ar Raqqah, Al Kamishi, Abu Kamal, son palabras que significan desastres de arte, centros de poder y escenas de terror.
Para el mundo civilizado Damasco y Palmyra eran dos puntos de mira del turismo mundial por la fastuosidad de sus monumentos, el colorido de sus avenidas y la arquitectura a lado y lado. En sus museos y bibliotecas se hallaban reliquias, documentos y joyas de civilizaciones antiguas hoy ya irrecuperables por los bombardeos aéreos, los incendios y explosiones de ejércitos y kamikazes.
El Arco del Triunfo y el Templo de Bel, la Torre de Elahbel en la Perla del desierto, en Palmira, la Mezquita de Kalid ibn al Walid de Homs, la Catedral Armenia de los 40 Mártires, los Zocos de Aleppo y de Al-Madina, las Norias de Hama, el anfiteatro de Bosra o la fortaleza Krac de los Caballeros ya no serán atracciones para ojos ávidos de arte antiguo. La ceguera y ambición de poder echaron por tierra los tesoros que guardaron con celo y orgullo el pueblo sirio y la humanidad. Hoy yacen derruidos y tiznados por herrumbre, sangre y pólvora.
Le duele al alma universal tanta violencia por apego al poder y la fuerza. Duele en la piel ajena el forcejeo entre países fronterizos y por motivos raciales que ha generado la ambición de una persona. ¿Hasta cuándo durará esta serie de matanzas y odios azuzada por intereses que no tuvieron tintes nacionales ni razonables? Se han ido mezclando cuestiones ancestrales cuyo efecto ha hecho metástasis sobre una población inerme y pacífica otrora.
Duele, por fin, que estemos asistiendo a una lucha de naciones que se confunden en tradiciones comunes e intereses comerciales que disfrutarían si cedieran la sinrazón y la insaciada sed de un solio y sus prebendas.
No es justo que varios pueblos y el mundo asistamos a un conflicto que ha tomado tan graves consecuencias. Desde aquí, en el silencio de armas y desde una nación lejana y con esperanzas deseamos el cese de confrontación y destrucción en ese territorio histórico, lleno de maravillas.
04-05-17 9:05 a.m.



