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Miércoles, 7 de octubre de 2026

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida / Por: Guido Germán Hurtado Vera / Historiador y Politólogo.

Guido Germán Hurtado

En el 2009, el todavía Senador Petro, afirmaba que los Tratados de Libre Comercio, en marco del proceso de globalización, no funcionaban para nadie. La solución era muy sencilla: abandonarlos.

La globalización es el proceso de la libre circulación de mercancías, capitales y factores de la producción entre los países del mundo. Los países intercambian su producción, y aquellos que tengan mayor capital lo invierten en los que tengan mayor escasez y lo remuneran mejor, y todos los factores circulan sin barreras entre las fronteras. Una utopía, pero esa es su tesis.

En el 2009, Colombia se encontraba en una etapa de transformación, después de una década de degradación del conflicto armado. Para superar una parte de la crisis, el gobierno de Uribe Vélez se apoyó en la idea de los “tres huevitos: la confianza inversionista, los avances sociales y la seguridad”.

La crítica del, entonces, Senador Petro apuntaba al huevito de la confianza inversionista. Según él, la idea que fuera el capital extranjero el encargado de reanimar la deteriorada economía colombiana no era más que una argucia para entregar el país a las grandes multinacionales.

Contra la globalización hay muchas críticas, pero debemos reconocer que, asimismo, ha producido grandes beneficios: el éxito de los países de Asia Oriental: China, Japón, Corea del Norte, Corea del Sur, Mongolia y Taiwán, se apoyaron en el proceso de globalización. Fundamentalmente, en las oportunidades del comercio y en los caminos a mercados y tecnología.

Igualmente ha logrado mejoras en la salud y activado una sociedad civil que lucha por una mayor democracia y justicia social.

El problema no es la globalización. El problema es el modo como ha sido agenciada. Una parte del problema reside en las instituciones económicas, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, que son las que determinan las reglas del juego.

Unas reglas de juego que, por lo general, han favorecido y siguen favoreciendo los intereses de los países más industrializados o ricos, y dentro de esos países los intereses particulares de grandes corporaciones.

El éxito, para crecer económicamente y enfrentar la globalización, ha sido en los países de Asia Oriental la educación.

El alto rendimiento educativo en evaluaciones ILSA (International Large-Scale Assessments), como TIMSS (Trends in International Mathematics and Science Study), PIRLS (Progress in International Reading Literacy Study) y PISA (Programme for International Student Assessment), se consolidaron en una política educativa continua y en las variables metodológicas de cantidad cultural y educativa, en lectura crítica y en habilidades no cognitivas como el autoconcepto y la resiliencia matemática.

En febrero de este año, en el famoso Consejo de ministros, el presidente Petro se encolerizó por los fracasos de su política educativa, “… el ministerio de Educación no ha girado hasta el momento alrededor del programa de gobierno, sino alrededor de otras cosas…”.

El pasado miércoles 21 de mayo, en un evento en Bogotá afirmó, “… es que sí nosotros no creamos el cerebro colectivo no tenemos nación … y eso que nos ha faltado audacia es porque puse a unos ministros de educación malos, me equivoqué …”.

Lo anterior no es más que una muestra de su carácter egocéntrico. El asunto es que en Colombia la política educativa del actual gobierno es un fracaso.

En el 2024 los resultados en las pruebas PISA fueron muy bajos. La prueba no evalúa materias escolares, sino que revisa las tres áreas de competencias: lectura, matemáticas y ciencias naturales. En las tres áreas evaluadas el desempeño fue bajo, con un puntaje que refleja debilidades. El puntaje promedio ubicó a Colombia en el puesto 64, de 81 países evaluados.

El actual ministro de Educación es Daniel Rojas. Estudió economía en la Universidad Santo Tomás, e inició una maestría en Ciencias Económicas en la Universidad Nacional. En febrero, la Universidad Nacional expidió un comunicado aclarando el por qué el ministro no aprobó su tesis de maestría: “tenía debilidades en términos teóricos y de rigor conceptual”. Aun así es el ministro de educación. Vaya paradoja.

En China hay dos días en los que literalmente se paraliza el país. No es una fiesta nacional. Es el evento educativo más importante: el examen de acceso a la universidad, el “gaokao”, donde 10 millones de jóvenes se juegan su futuro profesional y el gobierno los acompaña.

Mientras tanto en Colombia, los estudiantes se paralizan todos los días pensando cómo pagar los altos intereses del crédito del ICETEX y preguntándose por qué la promesa del “gobierno del cambio”, de condonar intereses y créditos, no se ha cumplido.

Hace dos semanas, durante su visita a China, el presidente Petro comunicó que firmará diversos convenios con Beijing, y, entre ellos, el más importante, un memorando de entendimiento, que es el primer requisito para ingresar en la Nueva Ruta de la Seda.

La Nueva Ruta de la Seda es una red comercial promovida por el gigante asiático para extender su dominio en el mundo, y que se caracteriza, especialmente, por participar en la construcción de megaproyectos.

Para que lo anterior sea de verdad un proceso positivo para Colombia, el gobierno del cambio deberá superar, al menos, cuatro asuntos.

El primero, la situación de inseguridad reinante en Colombia hace difícil atraer nuevos capitales extranjeros.

El segundo, el desajuste fiscal, que se tasa en billones de pesos y se necesitarán de varias décadas de austeridad para poder participar en las corrientes internacionales de capital.

El tercero, el ganar legitimidad fiscal, ya que un Estado que pretende ejercer su política fiscal siendo un nido de corrupción no podrá cobrar impuestos justos y suficientes que financien el gasto público y así atender las necesidades más sentidas de su población.

Y, el cuarto, una política progresiva y consistente en educación.

Muchos años después, junto al presidente de la República Popular China, Xi Jinping, el otro señor presidente, Gustavo Petro, no recordaría aquella época remota y fría donde satanizaba los TLC y la globalización.

Lo cantó el maestro Rubén Blades, en Pedro Navaja, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.