LA VIDA BULLE COMO VOLCÁN



La vida. Esta palabra encierra varias verdades colosales. Todo vive a nuestro alrededor. Las cosas gritan y saludan cuando las vemos. Sacuden sus manos, como los árboles cuando llueve y los perros cuando el amo llega. Los ríos sacuden su cauda a su paso y dejan el rumor de sus aguas. No es una gota que cae, como la lluvia, sino un monstruo que corre mojado en todas sus entrañas y avanza irresistible. El universo palpita como un niño que nace todos los días y ríe, grita y llora. Eso es vivir.
Cuando digo que la vida bulle es porque es una imagen de lo que ocurre en la persona. Desde que el ser humano despierta en la mañana, se da cuenta que abre los ojos y siente las ganas de abrazar el día que entra por la ventana y suena allá, en las calles. Con su energía uno percibe que allá afuera hay movimiento, hay acciones que se atropellan y hay besos que resuenan en las alcobas. Eso es vida. Siente uno que la sangre corre por la venas, que el corazón late, que las manos se mueven que a los oídos llegan músicas y voces.
Sí. El ser humano parece cada día funcionar como un volcán en erupción. Se vuelca sobre sí mismo y sobre lo que está a su alrededor. A veces con suavidad salen las radiaciones o a veces abruptamente salen llamas que sus familiares y amigos observan con fruición o con desconfianza, a veces.
El símil de la vida en el hombre, como lo que ocurre con un volcán parece exagerado. Pero es real. No todos los días un volcán vomita fuego, ni eructa humo ni deja salir sus lenguas de fuego por su boca. Pero está latente esa posibilidad, está dormido el volcán, dice la gente. Así también el ser humano. La vida no es igual todos los días. La sangre no hierve a toda hora del día o de la noche.
Ese milagro que se mantiene en el cuerpo humano sano y enfermo, hasta su muerte y que lo hace reaccionar ante el amor, la sorpresa, el peligro o el saludo de una amiga o por el dolor en una parte del cuerpo, es lo que llamamos vida. Somos más predecibles que las sorpresas que nos dan los volcanes. Día por día se repite el “milagro”.
En verdad, es milagroso, que las sorpresas aparezcan varias a veces en el día. Son más gratificantes las cosas buenas que el ser humano experimenta desde que se despierta hasta que el sueño llama a cerrar operaciones en la noche. De vez en cuando el león que está dentro del pecho o de las entrañas, despierta como el volcán y el hombre o la mujer estallan y deja salir gran cantidad de humores, se mueve raro. Hasta caen centellas sobre quien esté cercano.
No era una semejanza imposible o fuera de contexto. Era real la comparación.
03-08-17 11:01 a.m.



