La unión no hizo la fuerza
Fabio Arévalo Rosero Md*
Buscar el poder desata un nuevo nivel de rendimiento y competencia. Ello sucede tanto en el Mundial de Fútbol, como en unas elecciones a presidencia. Distribuir en el campo el propio talento permite acceder a logros más altos con resultados que satisfacen al conjunto. Es además la principal meta y la razón de ser de las organizaciones políticas y deportivas.
El enorme éxito inicial de la nueva fórmula de Partido Verde liderada por los ex alcaldes, fue intentar trabajar en equipo de forma legítima. Pero sobre el tema, persisten equivocaciones frente a la manera de jugar unidos. Ello sólo es posible entre personas generosas, altamente competentes y rigurosamente confiables. Otros intentos no son mas que agrupaciones o comités ficticios que a pesar de estar físicamente juntos, no están conectados y sus logros de conjunto son bajos.
Como en el fútbol, el triunfo radica en un modelo de alta exigencia basado en el talento y en una excelente condición física (preparación). Son también requisitos básicos la inteligencia, una buena coordinación mente – cuerpo y un trabajo estrictamente sincronizado en lo colectivo. Aunque no se puede armar un gran equipo sin jugadores talentosos, también es posible perder con los mejores. Eso lo demostró el PV con contundencia, con brillantes “atletas” en su alineación. Es fundamental desarrollar en las figuras una alta capacidad de colaboración colectiva, entendiendo que no se trata solo de cooperar sino de aportar en conjunto y de poner al servicio del grupo todas las capacidades.
En el juego de conjunto la autoridad y el respeto son esenciales para generar confianza entre compañeros. Virtudes que dependen de la formación, argumentación y visión del “jugador”. Cualidad notoria en aquellos que han erradicado la rigidez personal, que son emocionalmente seguros, que son creativos y particularmente que no se enfocan en sí mismos. En el campo de juego demuestran alta capacidad de servicio. No hacer nada por y con los demás es la ruina para el propio ego así sea el mejor talento ya que no posibilitará cambios favorables en el grupo. Los estrategas que quieran amalgamar un poco más de ingredientes para provocar resultados exitosos, deben ser líderes con alta capacidad de influir en sus discípulos.
La llegada de Sergio Fajardo al equipo PV, tuvo más connotación de mercadeo y publicidad, que de integración a un proyecto colectivo. Ayudó a disparar la percepción favorable en encuestas, un juego nocivo por las falsas expectativas creadas. Fajardo tenía sus propios lugares comunes, que a fuerza de repetirlos mecánicamente por sus fanáticos, perdía seriedad y confiabilidad. Las debilidades de sus asesores generaron rechazo social. Además de la incapacidad para consolidar equipos regionales convocantes, con tantos seguidores excluyentes, de odioso aroma “aléjate de mí”, como aconteció en el Cauca, donde el resultado es imperceptible o despreciable. Lección a tener en cuenta.
La unión con Fajardo fue costosa y no sumó, al contrario, en las regiones donde se creía multiplicaría, restó. En Antioquia y el eje cafetero la derrota verde es una de las más contundentes. El verdadero progreso en el campo de juego es una carrera de relevos no una carrera individual. En definitiva, en esta oportunidad, la unión no hizo la fuerza. Hoy el reto lo tiene Enrique Peñalosa, el líder colombiano más genuino para un Partido Verde que encarna sus principios. En sus manos está hoy la construcción del PV y es una de las pocas figuras ganadoras de este movimiento.
[email protected]
*Consultor World Streets
Leer más…




