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Viernes, 16 de octubre de 2026

LA TRISTEZA DEL RÍO CALI POR LA TALA A FIN DE AÑO

Tala de árboles - Río Cali
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
Tala de árboles - Río Cali
Pájaro carpintero en su taller hace un año en un árbol de la Avenida Colombia.

Pobre Río Cali. Pasaron los años acompañado de árboles a lado y lado en sus riberas. Pasaban los turistas, los caminantes y por allí crecieron sus habitantes mirando por entre ellos sus ondas, sus piedras y el paisaje verde daba la sensación de frescura.

Como el ser humano necesita aire puro para respirar y sobrevivir, agua para beber y asearse, como necesita un paisaje para contemplar desde la ventana o desde la vera del camino diario, los árboles también necesitan humedad que los proteja, algas, sombra, clorofila para las lluvias y la salud de las plantas que en a sus pies crecen.

El Río no es un mueble, ni un ser insensible. Tiene vida propia y produce bienestar y vida a los seres que viven cerca de él. Pero necesita cuidados para vivir, sobrevivir y brindar la lozanía que necesita la ciudad. El Río es un ser vivo que nace inerme en la cumbre, que se alimenta de riachuelos y manas, que se enferma si se le echan residuos, basuras, venenos, inmundicias.

El Río no puede vivir desnudo, sin árboles, sin protección a su entorno, con las laderas peladas a ras como se le viene haciendo en estas últimas semanas. El Río se está pareciendo a un enfermo, a un pordiosero, a un ser desechable y estorboso. Se les está maltratando, ofendiendo como a un extraño o un inválido. Sus moradores cercanos se están quedando callados, como si no pasara nada.

Al Río se le está quitando su humedad, su adorno, su encanto. Cuando se levante en la mañana no oirá en los nidos el canto de la alondra ni el croar ni las ranas, ni vendrá a posarse sobre una rama el martín con su gorguera blanca a lanzarse a pescar con su anzuelo certero. No oirá el chillido a que está acostumbrado de las cigarras en los momentos de alto calor a las diez de la mañana. No verá salir de sus escondidas cercanías a las iguanas ni a los roedores que por allí habitan.

Verá el paisaje desierto, erosionado, inerte, amenazante para su futuro, para su salud, para su canto y su caudal diario.

¿Será que los habitantes de las avenidas que dan a su frente están beneficiándose de esta actividad grosera de los taladores enviados por unas autoridades ambientales secretas? ¿Será que sus propiedades se valorizarán con estos despojos al paisaje que los ilusionó cuando compraron?

Cada vez el planeta se está calentando más por tanta tala, por falta de agua, por falta de selvas, reservorios, humedales. ¿Qué daño están haciendo los árboles sanos sobre las faldas que cubren la espalda del Río? ¿Será que al alcalde saliente o a sus funcionarios les sobra la plata y no saben en qué invertirla y envían cuadrillas a que despojen al Río de la frescura que le da la vida? ¿Será una contribución a mermar el cacareado fenómeno del Niño?

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