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Sábado, 10 de octubre de 2026

La tragedia ambiental en la “Tierra de Oro”

Consejo de Seguridad Caso Mina San Antonio 3
Luis Alberto Barrera
Por: Luís Barrera
[email protected]

En un ecosistema como el del río Quinamayó, que recorre una extensión de tierra tan amplia, al igual que otros existentes en el norte del Cauca, es el gran reto para el mundo de nuestra era tecnológica preservar la biodiversidad de especies que en ellos habitan. Aunque los ecosistemas, parques y reservas naturales aun ocupan una amplia extensión del planeta, la presión humana como la que está experimentando Santander de Quilichao sobre el suelo y el agua sigue amenazando a la biodiversidad, tal como lo han advertido autoridades, dirigentes y ambientalistas.

El instinto de supervivencia de la gente pobre de la región y los mercantilistas se agudizan con el problema socioeconómico, ante lo cual es desmedida su necesidad y avaricia por tener y no por ser, sin importar los daños que cause en su medio ambiente.

Esta nueva tragedia en la vereda de San Antonio, en Santander de Quilichao, la llamada “Tierra de Oro”, es otra clara advertencia de cómo la madre naturaleza no es que se meta con la gente, sino la gente se mete en ella, maltratándola y matando su riqueza natural.

Hacia adelanta es importante, sin buscar chivos expiatorios, culpables y responsables, de esta trágica página anunciada pues corresponde más bien realizar un esfuerzo común en el cambio de actitud y creación de conciencia hacia la conciliación de la preservación de la diversidad biológica con un uso sustentable de los recursos que frene de alguna manera el consumo desorbitado y el uso irracional de los recursos naturales, buscando siempre el beneficio a corto plazo, que derivan frecuentemente en deterioro cuantitativo y cualitativo hasta destrucción del medio ambiente, y si no cuidamos estos lugares, como el río Quinamayó, en el futuro las generaciones venideras, si logran llegar, solo vivirán estos lugares en archivos vivientes para los recuerdos de la humanidad.

Santander de Quilichao poco a poco está perdiendo su entorno natural de admirable belleza paisajística de sitios que otrora sirvieron para el reencuentro y sana recreación de sus habitantes.

En adelante ojala se estableciera una política ambiental progresista, que permita tener medidas correctoras rigurosas, preventivas y que minimicen los posibles efectos negativos ambientales que la actividad de los humanos por la fiebre del oro realiza sobre el medio ambiente, posibilitando el desarrollo económico y a su vez la conservación del entorno.

El daño ambiental de esta zona de San Antonio, El palmar, Quinamayó y otros sectores, es la visión clara de un problema de orden social, pues no existe una fuente ingresos y el desarrollo de proyectos en la zona para los habitantes de la región.

No hay un planteamiento de un desarrollo sustentable para la región y si existe, no se ha tenido en cuenta al local, para indagar sobre sus necesidades y hacerlas compatibles con el medio ambiente.

A pesar de ser una zona rica en biodiversidad, no se hace un control drástico por parte de las autoridades, ni se les respalda en sus decisiones  administrativas para evitar el saqueo de especies vegetales, tala de bosques, y cautiverio de animales silvestres con fines lucrativos.

Gobierno tras gobierno han hecho promesas sobre planes de desarrollo para redimir estas zonas deprimidas y de crecimiento poblacional de desplazados, de campesinos empobrecidos en poblaciones como Suárez, Buenos Aires y Caloto, que no han cumplido y que incluyen a los habitantes en la larga lista de desempleados del país, obligándolos a sobrevivir a costa de los daños ambientales a su hábitat.

Ya son muchos los muertos. En las últimas décadas, la minería metálica convencional de explotación de veta por galerías subterráneas ha sido desplazada progresivamente por la explotación de minas a cielo abierto, como la de San Antonio, donde el mineral objetivo está disperso en minúsculas partículas, diseminadas en grandes yacimientos.

La creciente demanda internacional del oro, debido a su elevada cotización y al hecho de que sea utilizado en épocas de crisis como activo financiero de referencia, de lavado de dineros provenientes de otras actividades ilícitas, ha hecho posible que yacimientos prácticamente extinguidos y con rendimientos muy pobres (de incluso menos de un gramo por tonelada), puedan ser explotados gracias la extracción a través del proceso de lixiviación con cianuro, que ha sustituido a la recuperación del oro mediante amalgama con mercurio, ineficiente en comparación y actualmente prohibido en muchos países debido a los graves efectos que provoca este metal pesado a nivel ambiental y sobre la salud pública.

La clave está en que el cianuro permite recuperar más de un 97% del oro, frente al 60% que permitía la extracción con mercurio, pero los ríos como el Quinamayó mueren lentamente.

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