Aunque mi amo me mate


“Aunque mi amo me mate, a la mina no voy, no quiero morirme en un socavón”, compuso magistralmente Esteban Cabezas Rher, esposo de Leonor González Mina, trasladando mágicamente su prodigiosa inspiración, a los trabajos forzosos de los negros esclavizados y obligados a trabajar en condiciones infrahumanas para satisfacer la sed de dinero y de poder de los esclavistas de los siglos XVIII y IXX en América.
Afortunadamente Esteban murió con el convencimiento de que su extraordinaria letra hecha canción en la majestuosa voz de su esposa Leonor, solo era el grito de un lamento pretérito, y no pasó por la pena hoy en día en pleno siglo XXI, de ver morir a sus corraciales devorados por los socavones terribles de las minas de oro, donde palian sus miserias y esperanzas de un futuro cierto, que les ha sido esquivo por mas cinco siglos de ignominia.
Una de las locomotoras del desarrollo, planteadas por el actual presidente de Colombia, la minería, parece estar arrollando bajo su descomunal peso a toda una raza jarocha y de bronce que no para de sufrir como lo cantara Agustín Lara.
¿Es indolente el Gobierno nacional, con todo un colectivo étnico al que para subsistir solo le queda mendigar las sobras de las retroexcavadoras cuyo brazo fatídico rompe las entrañas de la tierra, dejando a su paso desolación, ruina, negras y negros muertos sepultados por los aludes vengativos de la tierra herida, sin que para el gobierno merezca tan siquiera una investigación sobre la ilegal faena de los pulpos de la minería, amanuenses y socios de verdaderas mafias de la actividad que envilecen la tierra y destruyen vidas de colombianos que arriesgan su vida sin esperanza, en pro de un porvenir mezquino?
Son muchos los mineros artesanales colombianos que realizan la actividad de una manera limpia y respetando el ambiente. Yo soy nieto y bisnieto de mineros, mi abuela Bárbara, hasta su muerte armada de un amocafre y unas bateas, contribuía a la economía nacional y doméstica, extrayendo oro de las riberas del rio Cauca y del rio Timba; como ella, muchos descendientes de hombres y mujeres esclavizados se ganaban el sustento, jamás causaron un desastre ambiental, jamás su trabajo fue fuente de discordia y muertos, aprendió a fumar con la parte del cigarrillo encendida dentro de la boca, para que si le planteaban conversación no hablar con el pretexto de que se quemaba, pero en realidad era para no verse metida en habladurías, que era el máximo conflicto a que se enfrentaba.
Hoy en día es distinto, hombres foráneos han llegado a nuestros territorios con cientos de máquinas infernales que con un brazo prodigioso de hasta 26 metros se comen la tierra, hacen inmensamente ricos a sus malandros propietarios y cagan miseria y muerte, pues a los mineros artesanales solo los dejan entrar por ratos al frente minero con el inmenso riesgo que la tierra que han dejado débil y herida, les caiga encima a las negras y negros mineros, sepultando sus cuerpos y sus ilusiones; y mientras tanto los gobiernos municipales como el del alcalde de Santander de Quilichao, grita públicamente su inmoral impotencia, el gobierno departamental del Cauca calla impúdicamente y el presidente-candidato se hace el de la oreja mocha.
¡Esteban! Hay que reescribir tu canción… ¡Aunque el hambre me mate. A la mina si voy… tengo la esperanza inútil de hacerme rico en un socavón!…



