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Sábado, 3 de octubre de 2026
domingo 20 noviembre, 2016 a las 10:14 pm

LA SOLIDEZ DE LOS RECUERDOS

memoria
Bulevar
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano
memoria
Imagen tomada de: http://pildorasmentales.tumblr.com/image/127305820424

Los recuerdos dormitan en el fondo del mar de la conciencia. Lo hacen desde que nace el infante y empieza a sentir, ver, oír, gustar las dulzuras o el canto del gallo en las mañanas. En el almacén de la memoria van cayendo imágenes, el golpeteo de las gotas cuando llueve, los sabores del dátil o de la guanábana. Hay un compartimiento especial para grabar los sonidos de la música y para guardar bajo una llave misteriosa las impresiones que los ojos tejen cuando leen un libro o escuchan una melodía.

Nada se pierde ni hay ladrón que pueda robar los archivos que van quedando como en vilo allá en el fondo del cerebro o del pecho que en un momento han hecho acezar o suspirar al ser humano. Tales impresiones, al pulsar las fibras del oído, o tocar la puerta de las neuronas, abren sus ventanas y le hacen la venia como huéspedes permanentes. Nos acompañarán siempre y nadie otro podrá exigirles que salgan de su encierro involuntario.

Así ocurre, por ejemplo, con los sonidos amorosos que emite la madre cuando arrulla a su hijito, o cuando el abuelo canta al nieto el canon de los diez elefantes o cuenta una historia al empezar la noche o cuando alguien lee de niño la Odisea. La memoria es más potente que la de un computador de cien pisos de alto, hará clic y una membrana parpadeará allá en el interior del niño, del joven o del anciano.

Los antiguos ágrafos no necesitaron aprender complicados caracteres y recitaban largos poemas que algunos han llegado hasta nosotros. Poco a poco se fue perdiendo la capacidad de retener y repetir melodías, historias, sátiras o epigramas. Y apareció la escritura y la pintura sobre piedra, que escondió las maravillas que estaban nítidas en el cofre de los recuerdos.

Ante este artefacto el hombre descubrió una manera algo prosaica de comunicar lo que hacía antes sacando a relucir lo acumulado en su memoria. Pareció más cómodo y sus contemporáneos lo consideraron un progreso de la humanidad. Hoy, en la era de la globalización y de la comunicación satelital han hecho aparición las memorias USD, que necesitan el toque de una tecla y permiten ver y oír hasta el quejido de una estrella o recibir el voto del astronauta contra Trump.

Sin embargo, aún hoy día es posible admirar en algunas personas y hasta en nuestra familia esa rara posibilidad de recordar y reproducir escenas de los libros de Homero que leyeron hace muchos años. Entre los herederos negros es frecuente comprobar que tienen intacta la costumbre de retener poemas y textos enormes de tradiciones culturales. Encontré a una poeta que me recitó de memoria parte del libro Breviario de la Podredumbre de Ciorán que había leído la noche anterior y que recita sin leer todos sus poemas sin hacer el menor esfuerzo.

Añoro hoy y rindo homenaje a la memoria que me permite volver a la página de la infancia y escuchar con claridad el timbre de la voz de mi madre cuando me acariciaba.

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