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Martes, 20 de octubre de 2026

La reliquia insigne de San Plácido mártir, un tesoro exclusivo para Puerto Tejada

Un fragmento del fémur izquierdo de San Plácido, podrá venerarse a partir de hoy en el Templo de la Inmaculada...

Luis Alberto Barrera Moreno (2)
Luis A. Barrera M. / [email protected]

Un fragmento del fémur izquierdo de San Plácido, podrá venerarse a partir de hoy en el Templo de la Inmaculada Concepción de Puerto Tejada, tras depositarse en urna de seguridad en el altar fijo de esta parroquia y cuyas obras de remodelación y embellecimiento fueron bendecidas e inauguradas por Monseñor Iván Antonio Marín López, Arzobispo de Popayán.

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El máximo jerarca de la Diócesis caucana en ceremonia solemne dejó testimonio de la auténtica licencia apostólica de la Santa Sede que certifica que son los restos del santo de los artistas y de los trabajadores de la voz.

Monseñor Marín López, explicó a los feligreses que San Plácido era de ascendencia noble y nació a fines del siglo V (en el 493 aproximadamente) en el seno una familia cristiana compuesta por tres hermanos varones y una niña. En aquella época educar cristianamente a sus hijos era propio de la gente noble.

Por ello encomendaron su educación a San Benito, que estaba en el monasterio de Monte Casino. Tenía 7 años y le encomendaron tareas propias de su edad. Entre ellas, acarrear agua desde un lago vecino para cubrir las necesidades del Monasterio. Un día cayó al agua y perdió la conciencia. San Benito tuvo una visión de lo que le estaba sucediendo al pequeño y mandó a Mauro a que lo salvara. Mauro, después de rescatarlo, se dio cuenta de que había caminado sobre el agua. Este es el primer milagro en la vida de San Plácido.

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A los 24 años Plácido comenzó a evangelizar en un monasterio de Sicilia. Por la alegría de este logro, su padre mandó a sus tres hermanos a visitarlo justo en el momento en que los bárbaros invadieron la región y tomaron el monasterio.

Mamuca, el jefe bárbaro, exigió a los monjes que renegaran de su fe. Ellos no lo hicieron, y sufrieron las consecuencias. A Plácido, para acallarlo, le arrancaron la lengua, pero como siguió hablando con voz diáfana y clara, enfurecido Mamuca le pegó un mazazo en la cabeza, y como Plácido siguió hablando le rompió el cráneo y ordenó cortarle la cabeza. También ordenó matar a todos sus hermanos y a los monjes del monasterio.

El Arzobispo de Popayán, Monseñor Iván Antonio Marín López señaló en Puerto Tejada que los católicos veneran «las reliquias insignes de los santos sobre la base de la convicción de que los santos cristianos, al haber participado en la resurrección de Cristo, no pueden ser considerados simplemente como muertos».

Al finalizar la Eucaristía del cuarto domingo de Adviento, el obispo de los caucanos se sumó a las complacencias y reconocimiento de los fieles y comunidad por la labor pastoral y obras adelantadas en el templo y camposanto de la ciudad, por el padre diocesano Ever Claudio Marín García, párroco del Templo de la Inmaculada Concepción.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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