Relacionamiento internacional y la oportunidad de convertir nuestros ríos en riqueza colectiva. El Cauca no pide limosna: pide capacidad para decidir
Hace pocos días, en el taller Talento Visible de la Corporación Manos Visibles, en la Universidad Icesi, hablamos del poder de financiar desde lo público. Allí dije que en el Cauca descentralizamos el gasto, pero no la capacidad. Ayer desde la voz del alcalde de Cali llegó una noticia que pone esa frase frente al espejo.
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, anunció que Emcali busca quedarse con la central hidroeléctrica Salvajina. Salvajina está en Suárez, en el norte del Cauca. Tiene unos 315 megavatios instalados y genera en promedio unos 1.110 gigavatios hora al año. Según el gerente de Emcali, cubre cerca del 30 % de la energía que esa empresa entrega a sus usuarios.
No me opongo a que Cali invierta en energía limpia. Es una decisión inteligente. Lo que me pregunto es otra cosa.
¿Dónde está el Cauca en esa mesa?
Hagamos cuentas. Los cerca de 475 mil clientes de la Compañía Energética de Occidente consumen, según la Superintendencia de Servicios Públicos, entre 35 y 60 millones de kilovatios hora al mes. Eso equivale a una demanda promedio del orden de 60 a 80 megavatios. Es decir, Salvajina sola genera más energía de la que consumimos en un año todos los hogares, comercios e industrias atendidos por la CEO.
El agua es nuestra. La riqueza que produce, en buena parte, se va río abajo.
Esta historia no es nueva ni para nosotros en Cauca, ni en algunos casos en el mundo. Por ejemplo, Paraguay es dueño de la mitad de Itaipú, una de las hidroeléctricas más grandes del mundo, y durante décadas cedió sus excedentes a Brasil a precios muy por debajo del mercado. La prensa paraguaya calcula que en 41 años recibió cerca de 5.500 millones de dólares por una energía que hoy valdría unos 52.000 millones. Esto muestra que tener el recurso no basta: hay que tener la capacidad de decidir sobre él.
Otros países sí lo entendieron. Noruega produce cerca del 88% de su electricidad con agua. Laos, un país sin salida al mar, exportó en 2023 unos 2.400 millones de dólares en electricidad, el 28,5 % de todas sus exportaciones; hoy le dicen “la batería del sudeste asiático”.
Y no hay que ir tan lejos. Antioquia construyó con EPM una empresa pública que genera riqueza colectiva. En 2025, EPM le transfirió a Medellín 2,64 billones de pesos; entre 2008 y 2020 esas transferencias representaron en promedio cerca del 20 % de los ingresos de la ciudad. No fue suerte: fue voluntad política, visión y gestión sostenida durante décadas.

¿Puede el Cauca convertirse en la Antioquia del suroccidente? Estoy convencida de que sí.
Pareciera que en el Cauca nos quedamos mirando la gota y perdimos de vista el río entero que corre lleno de oportunidades. Tenemos con qué. En nuestro Macizo nacen los ríos; Magdalena, Cauca, Patía, Caquetá y el Putumayo, y allí se guardan 362 lagunas de alta montaña. En el Pacífico caucano corren el Micay, el Saija, el Timbiquí y el Guapi, en una de las regiones más lluviosas del planeta. Desde los años ochenta la CRC estudió la hidroeléctrica Arrieros del Micay; esos estudios siguen en un archivo.
Ahora bien, la paradoja duele. Mientras el norte del departamento genera energía para Cali, en la costa del pacifico caucano (Lopez de Micay, Guapi y Timbiquí) en las zonas rurales solo tienen luz unas pocas horas, cuando encienden una planta de ACPM. En la Bota Caucana, según el Plan de Energización Rural Sostenible, casi el 80 % de los hogares rurales no tiene energía eléctrica.
Ese es, otra vez, el país del papel frente al país real.
Mi experiencia me dice que esto se puede cambiar. En octubre de 2025 visité por segunda vez China. Allí entendí que un país puede convertir sus ríos en la base de su industrialización cuando planea a largo plazo, cuando su banca pública acompaña y cuando sus empresas saben construir desde una pequeña central hasta Tres Gargantas, la hidroeléctrica más grande del mundo. Conversamos con empresas chinas de generación que miran con interés a América Latina. He construido también relaciones de trabajo con CAF, que nos acompañó en Timbiquí con una escuela de techo solar que tiene energía y agua las 24 horas, y con aliados tecnológicos como Global Hydro, especializados en centrales hidroeléctricas. Entre tantos otros que pueden convertirse en nuestros aliados estratégicos.
Como secretaria de Hacienda sustenté ante la Asamblea la creación de Cauca Futura, una sociedad de economía mixta con mayoría pública para gerenciar el potencial energético del departamento. La idea es sencilla: que el Cauca deje de depender de rentas coloniales como el aguardiente y el tabaco, y empiece a vivir de generar y vender energía.
En ese sentido, propongo tres decisiones.
Primero, que el Cauca se siente en la mesa de Salvajina. La Gobernación, Suárez, Morales y las comunidades deben conocer los términos de esta transacción, exigir compromisos con el territorio y explorar con Emcali una alianza en la que el Cauca no sea solo el lugar donde está el embalse.
Segundo, fortalecer nuestra red eléctrica. La CEO llegó a 95,44 % de cobertura y opera más de 29 mil kilómetros de red, pero con pérdidas del 12,8 %. Y la red no da abasto: en 2024 la UPME evaluó once solicitudes para conectar nuevos proyectos en la subárea Cauca–Nariño y solo priorizó una, de 3 megavatios. Sin subestaciones y líneas, ningún proyecto llega al mercado. Necesitamos un plan de expansión pensado desde el Cauca y la interconexión definitiva del Pacífico.
Tercero, hacer la energía con las comunidades y no contra ellas. Salvajina nos dejó esa lección: las comunidades del norte del Cauca han tenido que tomarse sus instalaciones para reclamar deudas históricas. Consulta previa en serio, comunidades como socias y una parte de las utilidades para el territorio. Esa es la diferencia entre extraer y generar riqueza colectiva.
En conclusión, el Cauca no necesita más diagnósticos. Pareciera que nos hemos queddao mirando el árbol y perdimos de vista que hay un inmenso bosque de oportunidad Necesita voluntad política, relacionamiento nacional e internacional, conocimiento e inversión pública y privada, en juntanza con el sector privado, la academia y las comunidades.

Nuestros ríos ya generan riqueza. La pregunta es para quién.
Somos un solo Cauca, con todas sus aguas. Es hora de que esas aguas generen riqueza real para todos.