La Reforma a la salud


El 29 de octubre en varias ciudades del país, miles de médicos, estudiantes y trabajadores de la salud, marcharon por las calles, protestando por la reforma al sector, discutida por el Congreso, “ya que gracias al millonario lobby ante congresistas en campaña reeleccionista para Cámara y Senado, mantiene abierta la puerta a los malos manejos de multimillonarios recursos por las EPS como intermediarias”, según expresó un dirigente del Colegio Médico del Cauca.
Y es que el modelo de salud implementado con la ley 100 de 1993, sustentada por el entonces senador Álvaro Uribe, demostró su ineficiencia, en el cumplimiento de funciones en la prevención, tratamiento de enfermedades y sostenimiento de los hospitales públicos, y su eficacia en el enriquecimiento ilícito de las mafias de intermediarios encabezadas por las EPS, los fabricantes e importadores de los medicamentos, insumos y equipos médicos más costosos de Latinoamérica y demás urbanizadores e intermediarios financieros como los de Saludcoop y otros negociantes que desviaron recursos y se filtraron en el cuerpo de salud, gracias al débil sistema inmunológico a cargo de unas superintendencias anémicas y ciegas.
Sin duda que fracasó rotundamente la propuesta neoliberal, de convertir al servicio de la salud, de Derecho Fundamental de los ciudadanos, a negocio a cargo de particulares, después de dos décadas de soportar la agonía de hospitales públicos debido a que las EPS no les cancelan a tiempo; los ‘paseos de la muerte’; los millones toneladas de acetaminofén e ibuprofeno, formuladas por médicos mal pagos presionados por directivos de las EPS y los sobrecostos a drogas para tratamientos de enfermedades complejas cobrados por éstas al Fosyga, con recursos del Estado y recetadas después de tutelas gestionadas por familiares de los pacientes.
Aunque en la reforma en tramite por el Congreso se unifica el cobro de cuotas a los afiliados al régimen contributivo y los destinados a millones de beneficiarios del Sisben, la permanencia de las EPS, ya no cómo recaudadoras de aportes, sino como prestadoras de servicios, crea la desconfianza en la Federación Médica Colombiana y en los gremios de trabajadores de la salud y estudiantes de medicina y enfermería, pues es conocida su influencia sobre representantes y senadores a quienes financian sus campañas a cambio de futuras leyes que les permitan llenar sus arcas.
Los bajos salarios, largas jornadas de trabajo y control sobre drogas y tratamientos a los pacientes, a que son sometidos los médicos generales y especialistas, deberán desaparecer y Minsalud deberá retomar la medicina preventiva.



