La Paz debe ser el camino


Ahora que la firma de la paz en Colombia y la entrega de armas por parte de las FARC esta medio enredada es necesario despejar el camino para que las esperanzas no mueran tan pronto.
Muchos colombianos quedaron inconformes con los acuerdos firmados en Cuba sobre la manera como se juzgarán a los guerrilleros porque, la verdad, todos esperábamos penas más contundentes para tantos delitos atroces cometidos por estos terroristas. El modelo de justicia que se les aplicará es un tema todavía muy polémico.
Sin embargo, los veedores de varios países expertos en derecho internacional, representantes del gobierno de Colombia y de Estados Unidos (que siempre ha visto a nuestro país como foco terrorista) y hasta el mismo Papa Francisco le dieron la venia, en La Habana, a este acuerdo histórico que pondría fin a más de cincuenta años de una violencia cruel e enquistada en todo el territorio colombiano.
Pero esta Guerra Civil que no ha podido ni querido parar tiene muchos actores que se han lucrado de un gran negocio: la venta ilegal de armas. Pero peor que esto, aprovechando la amplia geografía colombiana rodeada de mares, montañas y selvas se ha reproducido paralelamente, como un cáncer, el otro negocio de la cocaína.
Así las cosas, tenemos que tener presente que esta guerra no sólo se acabará con la entrega de armas por parte de los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), sino que también se hace necesario que el Ejército de Liberación Nacional, ELN; paramilitares (ganaderos y hacendados) se sienten a la mesa y expliquen cómo ellos, también protagonistas del conflicto, van a parar la violencia y si se van a comprometer con acciones concretas para que este sueño empiece a ser realidad y no siga siendo una pesadilla. La gran verdad, aunque nos duela reconocer, es que todos juntos cuidan los cultivos ilícitos de droga (en el que también participa las Farc) y se benefician con sus lucrativas ganancias. Por eso se matan entre ellos, desaparecen, torturan, esclavizan personas y al final sus amigos se convierten en sus propios enemigos y no paran de derramar sangre.
Por eso yo me pregunto, ¿no será este el momento de plantear seriamente si el negocio de la droga debe ser legalizado en Colombia? Es que a mí me parece que esa pugna entre tantas bandas de delincuentes apropiándose de la tierra y sembrando el terror en el campo y poniendo bombas por doquier no es más que el enfrentamiento entre poderosos por tomar las riendas del país donde el dinero más que las ideas es el que manda. El dinero que aumenta la corrupción, que compra conciencias, votos, candidatos, senadores, que envuelve en escándalos a generales de la policía y del ejército y muchos expresidentes como Álvaro Uribe Vélez, quien se cree vulnerable. Este personaje que en vez estar poniéndole zancadillas al proceso de paz del presidente Santos debería renunciar a su investidura de senador y pedir que lo investiguen (junto con su familia) si es que no debe nada. Vergüenza social debería tener por ser ¡promotor del paramilitarismo!
Colombia necesita verdaderos líderes, políticos que quieran cambiar la historia de nuestro país en vez de estar haciendo terrorismo psicológico con absurdas ideas que podrían desembocar en una guerra mucho más cruel, justo ahora que el terreno para la paz se está abonando.
Si el señor Uribe es un verdadero líder, yo quisiera que alguien me conteste, ¿cuál fue la gran herencia que él le dejo al país en sus ocho años de gobierno? ¿Cuál fue su gran contribución para la paz de los colombianos: vivienda digna?, ¿equidad en salud?, ¿pensiones más humanas, oportunidades de trabajo?, ¿educación popular, justicia social?
Eso y mucho más es lo que deben ofrecer nuestros presidentes para poder garantizar una sociedad más equilibrada y evitar tantos brotes de delincuencia en las calles por gente víctima de la guerra y por otros más que se han acostumbrado a vivir de ella.
Colombia necesita una verdadera reforma en la justica con leyes más severas para todos (no solo para los terroristas) y mostrarle al mundo que puede bajar las estadísticas de tanta corrupción y pienso yo que quien primero debe dar el ejemplo es la clase dirigente: los congresistas, que deberían estar redactando nuevas leyes para ejecutar la paz. No queremos legisladores ‘chupa-sangre’ con sueldos escandalosos dedicados a dormir en sus poltronas mientras, minuto a minuto, a los colombianos les arrebatan el celular, la bicicleta, el carro y en el peor de los casos, la vida.
Si la paz es tranquilidad, necesitamos cambiar nuestra manera de pensar comprometiéndonos a ser mejores ciudadanos, respetando las reglas, aplicando la honradez, agradeciendo las obras públicas, siendo veedores de nuestros propios intereses. La era de quejarnos debe quedar atrás, empecemos por mejorar nuestro barrio, nuestra ciudad y así tendremos un país mejor para mostrar. Pienso que en estos momentos la imagen de nuestro país al mundo es muy importante. ¿Queremos que nos sigan viendo como bárbaros, violentos, intolerantes?. Debemos atraer el turismo a Colombia, tenemos mucho para mostrar. La Paz es el verdadero camino.



