LA OTRA GUERRA

No se podrá negar que el fútbol o Balón Pie, es guerra disimulada lejos de lo que pretendieron como deporte los griegos antiguos: jabalina, disco, maratón… Competiciones demostrativas de destrezas mentales y corporales siguiendo el patrón que rezaba: “Mente sana en cuerpo sano”.

Parecería que lo lo visto en un estadio del sur donde se dio la confrontación entre la selección nacional y la venezolana, no era más que la expresión de la rabia camuflada de los enemigos del proceso bolivariano. Se sentía la tirria solapada de muchos, azuzados por los “miedos” de comunicación. Cuántos no desearon meterle goles, no al contrario sino a su presidente, y al proceso que lidera tocando las estructuras y superestructuras neoliberales, con miras al cambio definitivo del modelo salvaje, que el mundo ha sufrido. Cuántos no estarían disfrazados de hinchas, no para golear al arco rival, sino al proceso social con poder popular.
Porque ganarle en el estadio a la republica bolivariana, hubiera sido lo máximo para la ultra derecha ocultada en gorros y trompetas. Me imagino a los muchos en su casa vestidos con uniforme amarillo, pantalones cortos y guayos, dándole puntapiés a una pelota con cara de Maduro… O al otro que sabemos, cagado de furia ante la pujanza de los de uniforme vino tinto. Y ni se piense en el resto de su caterva seguidora, deseando sólo meter “cañonazos” de verdad contra la portería contraria. Pero como “Dios está siempre del lado el ejército que mejor tiene artillería”, la del país de allá la tuvo con la fortaleza de sus piernas e inteligencia, capaces de proteger y y romper la peligrosa avanzada de los dos únicos jugadores, que como si se tratara de uno sólo se pasan la “bala” anotando los tantos celebrados.
¿Qué hubiera pasado si se los de por acá se traen el trofeo? Pues que los techos de los ranchos en las barriadas fanáticas y anti bolivarianas se hubieran desplomado, al lado de la sola aguapanela diaria para comer, y los retratos del crac nacional pegado en las paredes. Gracias a la pérdida del tan esperado juego los muertos, que estaban para ese día en la noche, gozan de buena salud al terminar el puente festivo con sólo bajas en las estadísticas etílicas.
Cómo hubiera sido el muestrario de cadáveres parecidos a los que a diario se asoman con caras de los insurgentes o soldados por las ventanas de los noticiarios. Caídos en esa ya larga “fiesta nacional” de la muerte.
El Balón Pie, como debería llamársele, al igual que se le dice en español “Pelota” al béisbol, dejó hace rato de ser verdadero deporte, cuando fue involucrado como contienda bélica. El cual expresa las “barras bravas” casi siempre violentamente adentro y fuera de los estadios. También se han tomado muchas palabras metafóricamente del lenguaje de la guerra… Sólo los totazos que se dan con los puños en el boxeo y similares, igualan el sentido oculto del “Deporte de las multitudes”.
Se recuerda la pelea entre el norteamericano afrodescendiente Joe Luis, y el alemán ario Max Shmeling, quien fuera usado como deportista haciéndole propaganda racial al nazismo. Pero también conoce que aquella vez los deseos hitlerianos y derechistas colombianos de ahora, se quedaron con los crespos hechos ante la NO derrota de sus contendores.
Alegría de Pio/ 6/16/15/ 9:15 a.m



