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Sábado, 3 de octubre de 2026
viernes 26 junio, 2009 a las 6:34 pm

La otra cara de Facebook

Por Fabio Arévalo Rosero

La innovación le ha permitido a «Facebook» superar los 200 millones de usuarios activos, cautivando con facilidad una diversidad de públicos. Mientras la red social crece desmesuradamente con atractivos servicios en comunicación y conexión, los adeptos que quieren estar más en la “onda” del mundo global, entregan desprevenidamente buena parte de su privacidad. Si bien Facebook ofrece una plataforma con interesantes aplicaciones, sus miembros asumen riesgos no despreciables.

Las comunicaciones están al alcance de todos, factor que “obliga” a los jóvenes a pasar varias horas frente al computador, lo cual podría ser causa de una baja en el rendimiento académico según lo demuestran estudios serios. Facebook, Hi5, MySpace, Sonico, etc., a veces contribuyen a que los niños se aíslen en mundos virtuales que no contribuyen necesariamente a su desarrollo. Se vuelven incluso más sedentarios.

Los millones de usuarios de estas redes están desprotegidos ante los posibles fisgones. Recientemente la TV mexicana entrevistó a unos secuestradores. Confirmaron que entran a la red y ven los rostros, la casa, los carros, las fotos de viaje y saben el nivel social y económico que tienen quienes ahí aparecen. Para un secuestrador, en lugar de vigilar a las personas, sus víctimas solas se sacan al balcón. Se están exhibiendo ante cualquiera y generalmente, como quieren relacionarse, se muestran como más poderosos y ricos de lo que son, lo cual los hace terriblemente vulnerables.

La tendencia de la delincuencia a usar estas redes como fuente de inteligencia es un tema abordado en países de Latinoamérica con altos índices de secuestro, como México, Brasil, Guatemala, Colombia y Venezuela. Eso pasó con Alejandro Marti, (Joven mexicano de 14 años muerto por sus secuestradores) que de todo ponía. Hace un año fue plagiado y sin querer a través de la red ayudó a sus asesinos. Una muestra de cómo las “comunidades”, han comenzado a ser explotadas por la delincuencia organizada para obtener información sobre sus víctimas, que sin saberlo proporcionan a sus potenciales verdugos cúmulos de datos personales.

Lo que muchos usuarios no saben es que de acuerdo a las condiciones del contrato que virtualmente asumen al hacer clic en el cuadro ‘acepto’, otorgan a Facebook la propiedad permanente de toda la información e imágenes que publican. Automáticamente autorizan la distribución o despliegue público de lo que cuelgan en la página, con el derecho a permitir todo tipo de transacciones con ‘el contenido del usuario’. Sin su consentimiento, a muchos les convierten sus fotografías en publicidad, transformando un comercio privado en endosos públicos. Todo lo que sus afiliados publican, incluyendo fotografías, inclinación política, estado de relaciones afectivas, intereses y hasta la dirección de la casa, se envía sin su autorización expresa a millares de contactos.

El espionaje y la exposición de la intimidad se prestan para otros conflictos serios. Jóvenes que son expulsados de colegios por expresiones y fotos espontáneas. Organismos de seguridad que hacen seguimientos a inofensivos e ingenuos rebeldes. Empresas que “evalúan” a sus trabajadores. Chantajes, engaños y extorsiones utilizando la información. Suplantación de identidad (Muchos no son los que dicen ser). Conflictos de pareja, etc. Es una versión global del “Gran hermano” donde todos los movimientos son vigilados.

Se permite la intromisión abusiva de terceros en asuntos privados de la gente común, para controlar su comportamiento social. Lo que nació como una comunidad de integración y encuentro, ahora muestra su cara de amenazas y desencuentros. Es posible que a los creadores de estas redes se les hayan salido de las manos por lo «exitosas», pero tienen enorme responsabilidad. No todo lo que contempla la tecnología es tan bueno y hay que saber servirse de ella… con prudencia.

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