La nueva expresión de la poesía colombiana

Matilde Espinosa: La nueva expresión de la poesía colombiana

Imagen: https://bit.ly/2RCqOLP
La obra de Matilde Espinosa es el puente que teje la poesía con la historia del sentir humano de un país que a pasos de gigante tropieza entre el dolor, la agresión, la violencia y la esperanza.
Conocí a Matilde como a los buenos vinos, por el sabor de sus libros. Tuve la fortuna de contar con su amistad y su sabiduría. No me acerco a su trabajo desde la perspectiva de la crítica, habrá horas infinitas de estudio placentero, antes de que aparezca un análisis que llegue de manera justa a la literatura de Matilde Espinosa. La apreciación que hago es desde la lectora que ha aprendido a través de sus libros a degustar cada palabra, cada silencio, la decantación de cada imagen y el contenido profundo que aflora de sus páginas.
Por razones de la clasificación, que en la mayoría de los casos resulta absurda, se le ha llamado “precursora de la poesía social”. Ese sería un primer calificativo. Habría que ir mucho más a la poesía, al objetivo, a la mente y al corazón de su literatura. En 1955, en un recital que ella ofreció en el auditorio del Museo Nacional, dijo: “hay que sacar el corazón a la calle, para que sienta en la calle”. También le escuché decir algún día que uno de sus paseos predilectos es ir a la calle y observar.
Sugiero tres ejes como punto de partida como forma de aproximación a la obra de Matilde Espinosa: el sentir humano, la construcción poética y la creación de la imagen.
El sentir humano. Su poesía recoge el dolor, la tristeza, la esperanza de quienes no tienen voz. La raíz de su trabajo se encuentra en Tierradentro. Desde Los ríos han crecido, su primer libro publicado en 1955, hasta La sombra en el muro, 1997, ha sido constante. En el poema Éxodo: “…Prendidos de los montes y la niebla,/ como racimos que engendró la noche,/ adelgazan su sombra en el camino./ De sollozo en sollozo,/ de pregunta en pregunta,/ la vida es un recuerdo que se quiebra,/ de abismo a piedra,/ de alambrada a llama./ !Allá quedó la aurora desgarrada!/ Todos vivían como hermanos;/ todos crecieron junto a los rebaños/ y comieron el pan que da la tierra;/ y en el horario de los días,/ nadie murió sin compañía./ El huracán se desató a su espalda./ Cayeron las techumbres, y el éxodo/ arrancó de cada puerta/ los clavos y las llaves…./
Luego publica el libro Por todos los silencios, cuyo título es la síntesis de su preocupación permanente. Ella es la voz de quienes no tienen voz. El poema Los indios comienza así: Brotaron de la tierra como un bosque./ Se esparcieron en todos los caminos./ Preguntaron al monte/ si para ser su entraña/ podrían prender la llama/ junto a la piedra pura./ Consultaron el árbol/ pidiendo su madera/ para tatuar en ella/ sus manos como siglos./ En la escala insegura de los pájaros/ bautizaron los ríos/ y en la luna aprendieron/ los espejos./ Mas no es éste el recuerdo,/ que otras cosas he visto/ y otros grandes dolores/ doblados en sus hombros./
En el sentir humano también hay ternura, solidaridad y afecto. Nada es más exacto/ después de la tristeza/ que las seis de la tarde/ cuando corren las nubes/ y se esconden los pájaros/ y los niños olvidan/ a qué estaban jugando/.
La construcción poética. Matilde renuncia definitivamente a la retórica. No publicó ningún poema con rima. El ritmo y la musicalidad están inmersos en una decantación perfecta donde la síntesis es la máxima virtud. Estos versos corresponden al poema Los ocultos dones: “Saber callar/ en el instante mismo de la pena/ cuando los labios –roto temblor-/ entierran la palabra y el sollozo”.
La creación de la imagen. Hay una unidad en cada estrofa de cada poema, en donde el ritmo interno de cada palabra, de cada silencio conforman una simbiosis para dar una lectura pausada que invita a la reflexión y al regocijo. La creación literaria de Matilde va mucho más allá del verso, invita al diálogo entre las palabras, entre los espacios. Sus imágenes son equivalentes a sus estrofas y en consecuencia a la totalidad del poema. Es palabra viajera/ sabe de embarcaciones/ y duerme en las rodillas/ de los puertos y de las ciudades/ y en la vigilia de los pescadores.
Matilde es la voz mayor de la poesía colombiana. Apenas estamos empezando a comprenderla, a estudiarla. Sin proponérselo, es la luz para las nuevas generaciones. El siglo XXI hablará de los avances literarios, de las alternativas creadas en lengua castellana y tendrá que referirse en primera instancia a la poesía de Matilde Espinosa, como la creación innovadora.
Un cuidado permanente del lenguaje permite recorrer las páginas de sus libros con asombro: Los ríos han crecido, Por todos los silencios, Afuera las estrellas, Pasa el viento, El mundo es una calle larga, Memoria del viento, Estación desconocida, Los héroes perdidos, Señales en la sombra, La sombra en el muro, La poesía de Matilde espinosa, con selección y prólogo de Guillermo Martínez.
Puedo quedarme horas enteras hablando de la obra de Matilde, puedo leerla una y otra vez, con la seguridad de encontrar en cada uno de sus libros siempre otra esperanza. Y un libro como dice Borges es un volumen entre los volúmenes hasta que encuentra su lector. Ocurre entonces el milagro del encuentro de la belleza entre quien siembra con quien recoge. Ojalá cada uno de ustedes sea ese lector de la obra de Matilde Espinosa.
Matilde Espinosa nos enseñó a pensar en compañía.
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*Lilia Gutiérrez Riveros
Fundadora y presidenta Poesía Sin Fronteras
Macaravita, Colombia. Poeta, ensayista y narradora. Química y bióloga, con estudios en medicina cuántica y astroquímica. Catedrática universitaria. Algunos poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués, alemán, italiano, árabe, rumano, nepalí, griego y mandarín. Incluida en antologías y estudios críticos. Ganadora del I Concurso Mundial de Ecopesía, 2010. Embajadora de la Paz del Círculo Universal de Embajadores de la Paz con sede en París y Ginebra. Fundadora y Presidenta de la Fundación Poesía Sin Fronteras.
En 1985 recibió la Mención de Honor José Acevedo y Gómez de la Presidencia de la República por su trabajo en Educación Superior. En 1997, el reconocimiento por su trayectoria literaria, en el marco del XVIII Encuentro Internacional de Escritores, celebrado en Chiquinquirá, Colombia. En el 2005 recibió el homenaje del Grupo Literario Contracartel, en el marco de la 18ª Feria Internacional del Libro de Bogotá. En el 2011 fue nombrada Embajadora de la Paz del Círculo de Embajadores de la Paz con sede en París y Ginebra. En el 2019 recibió el reconocimiento y exaltación a su obra literaria por parte del Concejo de Bogotá. En el 2020, el reconocimiento a su obra literaria orientada al cuidado de la vida, por parte del Jardín Botánico de Bogotá. Homenaje por su obra dedicada al cuidado de la naturaleza por parte del Grupo Paz y Silencio, Bogotá, 2020. En 2021 recibió el reconocimiento del Fórum Pablo Neruda, por sus aportes significativos al arte, la literatura y la cultura de Colombia, Nuestra América y la lengua española. En el 2021, la Mención de Honor en Literatura de la revista Sahitto, Bangladesh.







