La novela “El Último Arcoíris”, de Guillermo Mejía


La novela “El Último Arcoíris”, de Guillermo Mejía.

Juan, exitoso ingeniero agrónomo y profesor universitario que años atrás trabajó para AGriTek, recibe una llamada que altera su rutina en la ciudad.
Su padre Benjamín, por largos años dedicado a cultivar maíz en la finca familiar, y de quién, por su rudeza, guarda rencores de infancia, ha sufrido un infarto cuando las autoridades con orden judicial quemaron las henchidas mazorcas a punto de cosechar, después que la multinacional AGriTek, -para la que trabajó Juan después de graduarse-; y monopoliza la producción de semillas transgénicas, ganó una demanda que autorizó la quema de las mazorcas apunto de cosechar.
“¿Por qué perdimos la demanda?
-Tal vez les faltó consejo legal. Don Benjamín no consiguió que ningún abogado de la zona lo representara y se limitó a responder que nunca había usado las semillas de AgriTek, ni compradas ni regaladas; que todos lo conocían y sabían lo que él pensaba de esa semilla y que se “podían ir a la mierda”, dijo eso literal, aquí en el despacho. Tuve que contenerme para no soltar una carcajada.
-Y ellos que argumentaban?
–AgriTek respaldó su demanda con un estudio de casi ciento cincuenta páginas firmadas por especialistas –las hojas de vida de los peritos firmantes ocupaban más espacio que el propio informe- y resultados de laboratorio certificados que mostraban la presencia de un gen patentado en las mazorcas de muestras tomadas del cultivo. Muestras tomadas con autorización del implicado y bajo vigilancia de notario, aclaraban en el escrito. Todo legal o al menos ajustado a la parte formal del derecho.
-Pero eso puede suceder por accidente. Polinización cruzada se llama.
-¿Qué dices? Nadie mencionó eso. Todas las pruebas y alegatos apuntaban a que el uso del gen era intencional.
Ahora ambos hombres miraban por la ventana en silencio.
-¿Insinúas que me equivoqué en el fallo?
-No, seguro tu revisaste los documentos técnicos y aceptaste las conclusiones. ¿Qué más podías hacer? Sólo que, en la naturaleza, este tipo de contaminación se puede dar por accidente, por acción del viento que lleva polen de un lado a otro, y no por uso intencional de tecnología patentada.
El silencio volvió a llenar la oficina. De un momento a otro, el juez se levantó de su sillón, abrió la puerta y ordenó:
-Patricia, traiga el expediente de los Morales –Cerró de nuevo y, acomodándose, sonrió”
Mientras Juan, organiza el viaje para visitar a su padre en la clínica, recibe una llamada de Laura, su esposa, quien desde Paris le informa que haciendo parte científica de la delegación colombiana, con la complicidad de los políticos, jefes de la comitiva, su argumentada posición, no fue aceptada por el jefe de la delegación, que se sumó al grupo de países encabezados por los Estados Unidos en la propuesta de oscurecer la estratosfera con nubes de sulfuro inyectadas desde naves de vuelo suborbital, supuestamente para combatir el calentamiento global, sin medir las graves alteraciones al clima mundial y los ciclos de lluvias.
Así, continúa la historia: entre la tierra de sus ancestros campesinos, que al regresar a la finca despierta sus recuerdos de niñez y los fantasmas de los cuentos de su abuela; la lucha de su padre contra la transnacional que gracias al TLC ha patentado semillas de maíz, para en complicidad con los bancos, comerciantes de abonos, plaguicidas y los jueces, obligar a los agricultores a usarlas, desgranando la madeja en contrapunteo narrativo con las peleas de su mujer con los politiqueros jefes de la delegación nacional plegados a los gringos para sulfurar las nubes sin medir las consecuencias en el Cambio Climático. “¿Qué pasará cuando Juan tome la dirección de la hacienda y los presagios de Laura sobre la ausencia de lluvias se hagan realidad?” y hasta las próximas cosechas corran riesgos.
Con estilo ágil, ameno y lenguaje acomodado al hilo narrativo, nos lleva Guillermo Mejía, el autor, cual Pegaso griego, cabalgando entre el cielo y la tierra, a lo largo de los 51 capítulos cortos y 205 páginas, publicadas, en 2022, por CALIXTA, Editorial.
Formado en sus lecturas, y después de cumplir 50 años, asistiendo a talleres de creación literaria, como el orientado durante varios años por su maestro Harold Kremer, en la Universidad Santiago de Cali, USACA, avizorando su calidad como escritor, en 2015, con el cuento “La Jubilación”, ganó el primer lugar en el concurso nacional entre los asistentes a los Talleres de la Red de Escritura Creativa, RELATA, organizado por el Ministerio de Cultura, el Área Cultural del Banco de la República y otras instituciones.
Además de incursionar en la Ciencia Ficción “blanda”, más en la tierra que fuera de ella; en 2018, Mejía nos había sorprendido al ganar el III Premio Internacional de Novela Héctor Rojas Herazo, con “La muerte del fotógrafo”, de género policíaco, publicada en 2019, como parte del premio obtenido.
En 2021 publicó con Calixta Editores su primera novela de ciencia ficción: “El final de los eternos”.
Con su tercera novela, Guillermo Mejía Barona, caleño nacido en 1963, ingeniero electrónico, graduado en Popayán, en la Universidad del Cauca, y empresario consolidado en Cali, alternando su matemática carrera y los negocios con la fabulación literaria, ya no es una promesa sino una realidad de versátil y prolífico autor que promete grandes obras.
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