LA NECESARIA SOLEDAD



El estar solo, en la mismidad, es envolverse en el interior de sí mismo el ser humano. No está solo el buey, ni la morsa o el perro del amo. La soledad es propiedad de quien tiene conciencia de sí mismo, un cuartito íntimo en el que pueda esconderse a la mirada del otro y al escrutinio del público.
La soledad tiene nombre de mujer. Como las ciudades con sus encantos, como la brisa que refresca, como la selva con su exuberancia, su silencio y sus sonidos nocturnos. La soledad tiene laberintos construidos a cincel a lo largo de la vida del ser humano. Allí se encierra, en cualquiera de ellos. En el del arte, del pensamiento creador, en el del amor perdido, en el del dolor, en el del goce de la persona amada.
Ah, la soledad. Tan buscada y tan lejana. Tan hallada y disfrutada. Tan sonora y tan callada… Tiene voz y no tiene cara. Su voz es tenue, certera, sentenciosa, queda colgando de un hilo cuando da su veredicto. Si se desprende y cae el mensaje queda, ella desaparece pues la tarea está cumplida.
Nadie puede encontrar la soledad si gusta del ruido. Alguien que la necesite, deberá asilarse en una torre o en el centro de sí mismo. Acurrucarse, estacarse al sitio donde se halla y entrar por el hueco del silencio. Como lo hizo Alicia. Allí encontrará todo ese mundo que se apellida soledad. En donde se podrán ver con claridad reinos, gnomos que nos llaman con ofertas deslumbrantes en un cofre, sin engaños.
El ser humano de hoy da vueltas en su vida, gira como un pelele alrededor de la moda, la farándula, las novelas, la frivolidad. No se ha encontrado frente a frente a la soledad. No la conoce ni sabe de sus secretos y bondades. Todo, lo contrario, le teme y trata de alejarse de ella.
A la soledad mucha gente le huye, como si fuera la peor compañía. Como si fuera un deshonor decir que la encontró en el camino y le invitó a juntarse y recibir su influjo.
Oh, soledad tan escondida y humilde, tan alejada de los salones de la fama, del boato y el prestigio. Se le confunde con el aburrimiento y el silencio mudo. Con el aislamiento que no enriquece ni suma experiencias ni saberes más altos. Nunca a la soledad se la encontrará acompañada en tales sitios y privilegios mezquinos.
Si alguien no ha conocido a la soledad interior, ante la dulce sensación de la quietud del corazón y de los sentidos que callan al presentir su presencia, serán sorprendidos por el hallazgo más preciado de su existencia. Encontrarán un habitante secreto, un amigo verdadero, un cómplice para ir en busca de tesoros invaluables sin medir el tiempo.
Con la llave de la soledad, entonces, quien la encontró podrá abrir tabernáculos, cuevas prodigiosas, manantiales de vida, ideas primigenias y serendipitis impensados. Y gozar de invenciones y géiseres que eleven la autoestima y la felicidad interior, tesoro inigualable.



