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Sábado, 3 de octubre de 2026

LA MUJER DE GRIS EN EL RÍO

La mujer de gris en el río
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
La mujer de gris en el río
http://www.vangoghgallery.com/es/catalogo/pinturas/652/Dos-mujeres-en-el-bosque.html

La Naturaleza se muestra pródiga para quien la adopta como su alimento cotidiano. Unirse a la aurora, al rocío del amanecer, al goce de las vegas que refrescan las orillas del río, deparan placeres y ofrecen sorpresas casi a diario.

De camino con mi novia a lo largo de las riberas que bañan las aguas ahora generosas del Río Cali, junto a dos casonas desocupadas y adornadas por acacias con retoños en forma de campánulas, nos encontramos con una habitante extraña al paisaje. Es toda una aparición de abril, mes de lluvias y atardeceres con viento fuerte. Es como un arrebol ceniciento en todo tiempo, no importa que sean las 10 a.m.

La encontramos de pie, solemne, siempre de gris y con los ojos bajos. O también sentada, como una santona hindú con un manto gris sobre los hombros, que le cae leve sobre la espalda. Otras veces la encontramos recostada contra la pared descascarada de una casa solitaria a la que parece cuida y donde le ofrecen algún alimento.

No sabemos de dónde proviene. Su continente es digno, los rasgos de cara finos y el paso acompasado, dejan adivinar que ha tenido un origen de comodidades y ambiente de cultura refinada. Nunca se ha atrevido a mirarnos de frente o a pedirnos ayuda. Da la impresión de que vive de ahorros, de agua que compra y que su salud es buena. Tendrá unos 37 a 40 años y su frente no está cruzada por una sola arruga.

No le conocemos la voz y cuando a ella le parece que podemos mirarla fijamente, vuelve pronto la cara para otro lado. Rehúye conversar o que alguien la identifique. Prefiere quedarse en el anonimato y continuar inadvertida. Tiene una femineidad a flor de su piel aceitunada que la hace inaccesible e impenetrable.

¿De dónde habrá venido? ¿De qué ciudad? No parece del campo y su cutis bien cuidado lo revela. Tal vez habrá pasado por colegios privados y ha leído poesía. Sus ojos parecen decir que un aura de diosa la protege. Sus movimientos lentos, su aspecto recatado y su mutismo pudieran remitirla a los recintos de un convento o una casa de familia adinerada.

¿Es una joya escondida, es una santa con rebozo, pantalón y sandalias grises? ¿Qué ocultará en su corazón, no habrá en ella amor o, por el contario, será víctima de un dolor que despreció su aroma o su misterio?

Tal vez mañana volvamos a toparnos con ella cruzando la esquina cerca de donde viven nuestras vecinas las iguanas. Al darse cuenta de nuestra presencia hará un mutis en el foro y buscará retroceder o hacerse a un lado. Porque parece haber hecho un voto de silencio y haber escogido estos lugares por habitación y lecho.

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