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Martes, 13 de octubre de 2026

La mentalidad de sumisión y anhelo colonial

La mentalidad de sumisión y anhelo colonial
La mentalidad de sumisión y anhelo colonial
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Alfonso Luna Geller

«Uno no puede patear la lonchera», me advirtió con pragmatismo cínico un conocido que celebraba la incursión militar extranjera en Venezuela, revelando sin saberlo la profundidad de nuestra tragedia cultural. Esa frase resume la lógica de la supervivencia subordinada, una mentalidad de esclavo donde la dignidad se intercambia por migajas y la soberanía estorba si pone en riesgo la despensa, priorizando la seguridad del vasallo sobre la libertad de la nación.

Lo que presenciamos en el vecindario no es una cruzada humanitaria ni una transición democrática, sino una operación de ocupación planificada donde los eufemismos sobran. Donald Trump ha sido transparente en su brutalidad al anunciar que las grandes petroleras norteamericanas entrarán a administrar la riqueza venezolana, reduciendo a un Estado soberano a la condición de simple yacimiento estratégico. La captura de un jefe de Estado en ejercicio, pasando por encima de las Naciones Unidas y del principio fundamental de autodeterminación de los pueblos, instaura un precedente funesto donde la fuerza militar suplanta al derecho internacional y la diplomacia queda relegada a un adorno inútil frente a la voracidad energética.

En este tablero de ajedrez imperial, Colombia no es un espectador ajeno, pues las recientes agresiones verbales de Trump contra el presidente Gustavo Petro, acusando infundadamente al gobierno de gestionar «fábricas de cocaína», ignoran deliberadamente que las grandes mafias del narcotráfico se lucran, distribuyen y operan con total impunidad en las calles estadounidenses y operan sus capitales en los conglomerados bancarios norteamericanos.

Sin embargo, lo más oprobioso de esta coyuntura no proviene de la amenaza externa, que al fin y al cabo responde a su propia naturaleza imperial, sino de la abyección interna. Asistimos con vergüenza al espectáculo de ciertos sectores de la extrema derecha colombiana que, incapaces de recuperar el poder mediante las urnas y el debate democrático, suplican abiertamente una intervención extranjera en nuestro propio suelo. Son voces que añoran el estatus de colonia y prefieren ver a su patria sometida bajo la tutela de un gendarme internacional antes que gobernada por un proyecto político popular y soberano.

Esta añoranza del sometimiento, encarnada por figuras políticas que celebran la violación de las fronteras vecinas mientras piden lo mismo para Colombia, demuestra que para ellos la independencia fue un error histórico que están ansiosos por corregir. Confunden la libertad con la dominación y están dispuestos a entregar las llaves de la casa nacional con tal de que el amo extranjero garantice sus privilegios locales.

La historia es implacable con quienes validan la barbarie por conveniencia momentánea. Quien hoy celebra las cadenas ajenas bajo la promesa de una falsa prosperidad, mañana llevará esas mismas cadenas, porque lo que se impone en la región no es la libertad, sino una hegemonía financiera y militar que, llegada la hora, no distinguirá entre aliados serviles y objetivos militares.

 

Resulta un oxímoron grotesco que la senadora Cabal celebre bajo la etiqueta #VenezuelaLibre el anuncio de que Trump ‘gobernará’ esa nación hasta nueva orden. La pregunta elemental desnuda el absurdo: ¿Quién invistió al presidente de Estados Unidos como corregidor de Suramérica? Ninguna ley, ninguna urna y ningún tratado le otorgan ese mandato. Autoproclamarse administrador de la casa ajena solo porque se tiene la fuerza para derribar la puerta no es autoridad, es vandalismo geopolítico. Si validamos que el vecino rico entre a mandar en el predio de al lado porque le disgustan sus habitantes, estamos firmando la escritura de nuestra propia esclavitud. La libertad impuesta por decreto extranjero tiene otro nombre: colonia.


Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:Alfonso J. Luna Geller[email protected]

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