“La Libertad de Prensa no es decir lo que nos de la p… gana”
Por: Luís Barrera
Editor Proclama del Cauca
A raíz de la crisis generada en el diario El Liberal de Popayán y las propuestas que han surgido en torno al salvamento como medio de comunicación para evitar su eventual cierre he conversado con periodistas y comunicadores y la mayoría coinciden en que la libertad y misión de un periódico no es la licencia para escribir cualquier cosa.
Lejos de opinar y dar soluciones a un tema que es más económico que periodístico, hay que seguir advirtiendo, como no lo decía el extinto periodista quilichagueño Guillermo Holguín David, en su estilo valiente y frentero del “Barrilito”, “la Libertad de Prensa no es decir lo que nos de la puta gana”.
La libertad de prensa se basa en la libertad de opinión; es decir, consiste en que los periodistas y los medios de comunicación pueden expresar libremente sus pensamientos y emitir sin cortapisas las noticias que elaboran; además, también implica que pueden fundar medios masivos de comunicación sujetos obviamente a las crisis económicas y financieras que ello implica.
En Colombia, la libertad de prensa está salvaguardada por el Artículo 20 de la Constitución Política de 1991. Ahora bien, dicha libertad también implica responsabilidades sociales, pues aunque el periodista o los medios son libres para informar, están obligados a hacerlo con transparencia, veracidad y conciencia del poder que tienen. Si no lo hacen así, están obligados a rectificar toda noticia o información que haya faltado a estos principios.
Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil, mediocre e impopular sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco. Porque la libertad expresión por fortuna y con todos los riesgos es este país, es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía.
La prensa y por eso hay que tratar de evitar el cierre de periódicos y cualquier otro medio de comunicación, no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso democrático y de la civilización.
Los periodistas, en el desarrollo de su trabajo, deben llevar aparejada forzosamente una alta dosis de responsabilidad. La misión de los periodistas no es otra que la de seleccionar y difundir las noticias, en principio, de hechos reales, de trascendencia pública, que interesen a la audiencia o lectores y que ofrezcan conocimientos comprobados para fortalecer las opiniones del público y su toma de posición.
La búsqueda de la verdad, es la actitud diaria que toda comunidad reclama al profesional de la comunicación, consciente de que las mentiras o medias verdades difundidas por diversos medios les impiden conocer la realidad, lo que realmente está sucediendo.
Sin embargo, la falta de respeto con que se conducen muchos de los empíricos y profesionales de la comunicación nos demuestra que esa realidad, está muy lejos de alcanzar. La desvergüenza, la aceptación de prebendas, el sometimiento a intereses económicos, el culto al dinero, son desafortunadamente actitudes que se evidencian día a día, afectando la credibilidad incluso de los que no están involucrados pues, siempre pagan justos por pecadores, contribuyendo al desprestigio general del oficio, y haciendo perder de vista el último fin del Periodismo… la búsqueda del bien común, y no el éxito individual.
Pero también no se puede ocultar otra razón de peso. Considerando el hecho de que los medios de comunicación además de ser un servicio público son también un “negocio” que debe ser económicamente rentable para seguir funcionando, cabe esperar el surgimiento de conflictos e impases entre los profesionales y las empresas, debido a la dificultad de compaginar los intereses y las convicciones morales que deben ser respetables de parte y parte.
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