LA LIBERACIÓN INFORMATIVA

LA LIBERACIÓN INFORMATIVA

Despertar sin noticieros también es un acto de libertad. Durante mucho tiempo cometí el error de iniciar mis mañanas con las emisoras más influyentes del país: Caracol, RCN, Blu Radio, La W… Apenas despertaba, recibía un bombardeo de noticias que más que informar, moldeaban emociones, opiniones y percepciones. No tardaba en sentirme abatido, desconcertado, manipulado. A veces bastaban quince minutos de escucha para que se me “tiraran” todo el día.
Tomé entonces una decisión: dejar de escuchar los noticieros de esa hegemonía económica. Ni en la radio, ni en la televisión. Y descubrí algo liberador: hay una vida más allá del miedo, la polarización y el discurso editorializado disfrazado de información.
Pude evidenciar que la paz mental, la verdadera conciencia, se construye también a partir de las fuentes que elegimos para alimentar nuestra mente.
La raíz de esta «enfermedad informativa» es profunda. No es la polarización política en sí misma la que nos condena a la crispación. La existencia de ideologías contrarias y la ebullición del debate son, de hecho, pilares de cualquier democracia vibrante. El verdadero problema reside en ciertos medios de comunicación y en los periodistas que, irresponsablemente, se convierten en agentes de la exacerbación del odio y la enemistad entre colombianos por meros criterios políticos. Transforman el desacuerdo en anatema, y esta práctica se sistematiza en programas radiales y televisivos que, en lugar de informar, azuzan a sus oyentes en contra de los vecinos que piensan distinto.

Los invito a una terapia espiritual sencilla pero poderosa: comenzar el día sin voces interesadas que nos dicen qué pensar. En su lugar, prueben la música suave, relajante, sin gritos, sin opinadores furiosos. Cambien la angustia por tranquilidad, la rabia por serenidad, la ansiedad por esperanza.
No es un llamado a la indiferencia, sino a la conciencia. El periodismo no debe ser instrumento de manipulación ni plataforma de intereses económicos y políticos disfrazados de opinión. El reto es distinguir entre el derecho a la información y el veneno editorial que se nos inyecta como verdad absoluta.
Es importante tener en cuenta, como conclusión, que la libertad de prensa es un pilar democrático, pero esta libertad conlleva una inmensa responsabilidad. Cuando esa responsabilidad se diluye en la orquestación de la desinformación y el fomento del odio, el ciudadano tiene el derecho y el deber moral de defender su mente y su espíritu. Elegir cómo nos informamos es un acto de soberanía personal y un paso fundamental para reconstruir el tejido social fragmentado. La paz interior, la objetividad y la capacidad de diálogo son bienes preciosos que no podemos sacrificar en el altar de la manipulación mediática. Es hora de desconectarse de lo que envenena y conectarse con lo que eleva, por nuestra salud, por nuestra convivencia y por el futuro de Colombia.
¡Hagan la prueba! Dejar de martirizarse escuchando a quienes han hecho del miedo su negocio puede ser el primer paso hacia un despertar más libre y más humano.
Imágenes: https://www.seaart.ai/es/create
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One comment
Elizabeth Pérez
sábado 14 junio, 2025 a las 3:54 pm at 3:54 pm
Una perspectiva muy interesante. La probaré a partir de la próxima semana, aunque para mí resulte casi inconcebible dejar de escuchar el noticiero de la mañana. Y el que escucho, sí, también se ha unido a la orquesta de negar lo hecho en este gobierno y manipular la información. Me voy cuenta de eso cada día y sin embargo cada día los oigo. Veré cómo me van sin escucharlos, porque sí que tienes razón Alfonso. También es un acto de libertad y una contribución a nuestra paz mental y espiritual.
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