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Sábado, 3 de octubre de 2026
miércoles 12 julio, 2017 a las 11:16 am

LA LEJANA INCERTIDUMBRE

LA LEJANA INCERTIDUMBRE
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
https://www.artelista.com/obra/6393452432138671-incertidumbre.html

Oh, sí, lejana. Certidumbre viene de certeza. La terminación dumbre hace la carencia de la certeza aún más larga. Incertidumbre parece una sentencia a no llegar a la certeza nunca. Es un estado del sujeto que lo mantiene atado a un madero listo para el remate. ¿Qué vendrá ahora? No es posible haber una esperanza ni a lo lejos.

Decidí escribir sobre este tópico no porque esté yo en esa coyuntura, sino porque me llegó a la mente como una ráfaga. Hay situaciones para el ser humano que lo detienen en seco, que lo mantienen inmóvil y que lo convierten en un ente sumido en un bache que no tiene fondo ni límite hacia adelante. No se ve, de pronto, un horizonte, una respuesta, una salida. Y me pareció bien divagar por entre las zarzas de la certidumbre que se acerca a su entrada en la materia.

La incertidumbre es una fruta que existe en todos los climas. En el niño de tres años, en el joven, y en la edad madura. Es de color blanquecino y no es muy visible desde lejos. Hay que abrir bien los ojos para detectarla. Quien la ha probado tiene unos síntomas. Anda a tientas y a locas. No se decide. No es capaz de tomar una decisión. Es capaz de dar pasos hacia adelante pero no tiene una meta ni un propósito. No acierta a saber qué hacer o cómo vencer ese monstruo que tiene adelante y no lo deja avanzar.

Monstruo, ¿dije? Sí. Monstruo viene de mostrar, de aparecer como… algo raro, grande y sin explicación que nos detiene y nos asusta. Y la in-certi-dumbre en un compuesto de un negativo, no, deja entrever algo de verdad y queda vagando un halo de sorpresa y duda. Es como un gnomo juguetón, como un pelele que da vueltas frente a nosotros. Yo le pude tomar una foto y esa es su apariencia.

Pero la incertidumbre está lejos aunque nos asecha y parece que estuviera adentro de la conciencia. Sin embargo, está lejos y nos hace creer que está ahí, pegada a nuestro pie y nos tranca el paso para que no actuemos. Es como un sabor entre dulzón y amargo. Sabemos que hay algo que nos llama, que nos sabe en la lengua y una llamita que flamea allá, a lo lejos. Nos ha dejado un sabor que nos recuerda el deber pero no tiene el dulzor de la certeza.

Sí, esa desinencia en la que termina la palabra o el fantasma de la incertidumbre, es como una sombra que no deja ver la solución, ni la claridad que hay cuando la decisión es patente y contundente, que nos golpea el cachete, aprobatoria. Es una palabra en castellano con un timbre fastidioso y aburridor. Como ciertas costumbres o urdimbres o podredumbres de las que habló E. Ciorán.

En fin, ya salí al otro lado de lo que quería hablar y las palabras no salían. Así es la tarea del escritor. A veces los textos parecen nacidos de un vomitivo, de raro pelambre.

11-07-17                                          9:15 a.m.

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