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Viernes, 2 de octubre de 2026
martes 1 septiembre, 2009 a las 11:12 pm

LA JUSTICIA, MITOS Y CREENCIAS

Por Reinel Gutiérrez

Varias generaciones pasaron por los sustos que la tradición oral fue introduciendo en la mente inocente y limpia de cada persona. El canto de las aves nocturnas fue asociado con creencias y presagios tenebrosos. Los graznidos que se oían en las noches en tiempos anteriores avisaron a los abuelos que alguien se iba a morir. El ladrido lastimero de los perros también.

Por coincidencia en muchos lugares, a los 15 días o más, alguna persona falleció y eso acentuó la creencia que se transmitió de padres a hijos.

En una improvisada reunión con juristas y fiscales de experiencia, ellos y ellas contaban que los papás les infundieron esos mitos, que nunca los pudieron borrar la Universidad con sus códigos, artículos, incisos y demás. Allí están intactos y todavía «me da miedo cuando canta el morrocoy» dijo una de las doctoras. El periodista cree que ese animal es el mismo búho, pero los participantes en el inesperado foro insistieron que no es así. El morrocoy es un animal desconocido, que no ha podido estudiar la ciencia y que es tan feo como el coco y que hace nido en la mente de las personas. El periodista insiste en que al búho, vulgarmente se le llama morrocoy y que a pesar de ser un animal exótico se le considera como «ave de mal agüero».

Si no es así, aquí, en este comentario, pedimos a los estudiosos nos informen al respecto, si se trata del mismo plumífero, pero con dos nombres o lo contrario. ¿Será que es un ave tan extraña que no se ha podido ver?. Peor aún, será localizar al ‘pájaro-pollo’, cuyo canto a la media noche es síntoma de que un presidente puede perpetuarse en el poder, o que los narcos y paras nunca se van a acabar y que a la paz se le está dando un entierro pobre. Y ni que hablar del «guando», la «patasola», «el hojarasquín», «el patetarro», «la viuda» y el duende».

Todos tienen su historia y su creencia, aunque en este tiempo, cuando un marido llega tarde y ebrio a la casa, la esposa nunca le cree el cuento de que lo enredaron las brujas.

Para sacar una conclusión de todo esto, podemos decir que muchos letrados y académicos, a pesar de su formación y nuevos conocimientos, nunca se les va de su mente esos miedos introducidos por sus antepasados y que guardan relación con los supuestos fantasmas, o inexistentes «cocos», que en últimas, se traducen en traumas y barreras que no dejan vivir con plenitud o que son una barrera para la felicidad.

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