«LA IMAGINACIÓN ES UN COSQUILLEO CONSTANTE»


Loco-mbiano

Para fugarnos de la Tierra
un Libro es el mejor Bajel –
y se viaja mejor en el Poema
que en el más brioso y rápido Corcel –
…
Emily Dickinson. Del poema Ensueño
Esta es la frase que utilizó Águeda Pizarro al comienzo de su discurso del Acto de Apertura de las siete exposiciones de pinturas en las salas del Museo Rayo*. Todo un lujo de arte surrealista y afortunada sinestesia que confunde el sonido con el color y los olores.
Apenas la escuché se activó mi cerebro y empezó el cosquilleo a hacer su trabajo en mis neuronas. Sentí unas uñas suaves, tal vez con guantes de terciopelo rojo, con grabados chinos o japoneses sobre el anular y el índice. Corrían en redondo, como soldaditos de plomo con zapatitos de gnomo, puntiagudos. Presionaban y producían ora placer, ora suscitaban imágenes pasadas, ora unían caprichosamente caras y figuras como cuando uno teclea y aparecen signos e íconos.
La imaginación es una máquina que está instalada a toda hora en nuestra cabeza. No se desconecta ni cuando uno duerme. Funciona con la energía que le llega desde el corazón por los impulsos eléctricos de sus arterias. No importa que uno no la sepa activar, ella vibra y responde a los cosquilleos que se producen por sensaciones e impresiones, saltos y sobresaltos, sustos, sorpresas, dolores y alegrías.
Del poder de la imaginación saben los publicistas, músicos, escritores, sicólogos, siquiatras, los directores de cine y los locos y enfermos en sus fiebres y alucinaciones. Los poetas han compuesto sus mejores obras cuando han hecho caso a sus locuras. Porque la poesía existe cuando dice y crea situaciones nunca antes soñadas, irrepetibles y jamás pensadas, no es solo escribir bonito. Los poetas deben sufrir, entonces, de ese cosquilleo del que habla Águeda.
Los artistas, o sea, quienes tienen en su cerebro una parrilla a todas horas encendida, tienen en la imaginación el instrumento perfecto para salir del común en su producción. Pintores, escultores, músicos, arquitectos, dramaturgos han sorprendido al mundo con imágenes y sinfonías y diseños, suculentos, atemorizantes, sangrientos, lúgubres, levitantes, truculentos con motto, vivace. Han roto los conceptos, se han salido de la realidad y del horizonte – hasta donde llegan solo quienes copian al pie de la letra órdenes y consignas – y revolucionan el arte y el mundo conocido. Para ellos no hay moldes ni barreras.
Los condimentos que emplea la imaginación son el atrevimiento, la audacia, el soltar la rienda al freno que nos ata a la imitación y a la pereza de ir más allá de lo banal. La imaginación es corcel indómito, es un Pegaso con alas que ladra por los laberintos y sube más arriba de la luna. Compite con Dalí, con los poetas malditos, sorprende a Huidobro sin adjetivos, ve, como Borges, sin ojos y sobrevive como Quevedo con sus cenizas enamoradas.
La imaginación sí es aquella loca que hace cosquillas por lo corredores del convento, de la que hablaba Teresa la de Ávila.
22-01-14 4:56 p.m.



