LA FILOSOFÍA POR DENTRO


LA FILOSOFÍA POR DENTRO

Publica hoy El País de España el artículo «La Escuela de Fráncfort y el cóctel Molotov» que repite no a mi ritmo pero sí con la misma ironía lo que alguna vez recitaba con malicia indígena: «La filosofía es una disciplina tal, con cual y sin la cual, es mundo sigue tal cual».
Sí. Yo estudié durante tres años muy juicioso en el filosofado claretiano de «El Cedro» en Zipaquirá con dos profesores a los que idolatraba: el padre español Anisio López que dictó lógica formal y el padre Gregorio Acosta, historia de la filosofía con ribetes escolásticos. Yo pensaba que eso me daría el bagaje necesario para pensar y echar la rodar el pensamiento y el discurso a mis anchas.
La lógica me apabulló con modos y silogismos, en fórmulas y ubicaciones teóricas. O sea, me encasilló literalmente entre el galimatías de la escolástica improductiva. La «historia» de la filosofía fue un recorrido divertido por entre los eleáticos, con Diógenes a la cabeza y Sócrates al lado y luego Platón y Aristóteles. La historia de los pensadores de la modernidad no los conocí por su boca. Algo de Heidegger, apenas rozado, pero nada de la pavura de Nietzsche. A los alemanes e italianos no los pude degustar. Más tarde algo los pude paladear.
Mucho más tarde me metí de profesor de filosofía. Me acuerdo que en mi primer año en el salón de 5o. bachillerato había un muchacho inquieto por el pensamiento macizo, de apellido García. Empecé a dar puntadas de filosofía sin preámbulos de conceptualizaciones ni sistemas. Intenté hacer lo mismo que el padre Acosta. Hacer una lista de filósofos y seguirle los pasos como a Platón desde su Cueva o Aristóteles en su Academia y su enseñanza peripatética. García se atrevió un día en plena clase a decir que esperaba otra cosa muy distinta. Yo persistí en meterme más en teorías y esquemas más que en personalidades famosas. Y logré por fin aquietarlo e interesarlo.
Pero, sí. Hoy me carteo por Facebook con él. Aún me sigue la pista. La filosofía atrae. Es un imán que capta curiosos y les da a mostrar aquellos fantasmas de ideas que alguna vez vió pasar Platón desde la Caverna.
Me consuelo hoy viendo que aquellos pre y socráticos y post aristotélicos no lograron convencerme y que tampoco hoy los modernos Marcuse, Walter Benjamin y Adorno han logrado dar forma a las teorías que forjaron.
En fin. La filosofía es un barniz, es un almizcle que tiene un olor característico y produce un placer igual al olor. Conduce al porte, a la pantalla, da un aire o un aura de intelectual a quien se unta de su almizcle.
Pero quien lee a Nietzsche, a Santo Tomás, a Deleuze, al rumano y provocador Ciorán en su Breviario de Podredumbre pasa unos ratos distintos en lugares nunca antes imaginados. Dan qué pensar pero no logran cambiar el mundo.
24-02-18 4:10 p.m.
* https://elpais.com/cultura/2018/02/21/babelia/1519212881_011387.html



