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Lunes, 5 de octubre de 2026
domingo 23 octubre, 2016 a las 6:59 pm

La estantería se derrumba

Jorge Muñoz Fernández
Jorge Muñoz Fernández
MATEO MALAHORA / [email protected]

«El Rey Midas de la legitimidad se pasea por Cuba y el Congreso de la República sin que se vuelva ley pacificadora todo lo que toca. El Estado que tenemos, y como aturdidos admiramos, se derrumba, pero todavía sus maestros, obreros y operarios tienen capacidad de maniobra para evitar el colapso. Una nueva visión del derecho y de la convivencia se asoma tímidamente desde la convivencia política».

Con inusitada apariencia la humanidad sustituyó al rey como soberano depositario de la verdad y del derecho y sus poderes pasaron a la sociedad.

El derecho en su nobilísima finalidad se convirtió en el resultado del poder y su resultado terminó en la violencia, sutil o manifiesta.

El rey fungía como legítimo porque se suponía que “toda autoridad venía de Dios” y las constituciones del pueblo mandaban en nombre de Dios.

El derecho monopolizó la fuerza e impuso su verdad jurídica.

Ahora, a pocos años del año dos mil entra en crisis la Teoría del Derecho y el Estado de Derecho.

Cruje y rechina el fundamento legalista del Estado y su legitimación ha entrado en profunda desconfianza y desengaño legitimadores.

Basta un ejemplo, siete millones de colombianos sobreviven a la intemperie social, política, económica y cultural; sucumbe y fallece, así, el preámbulo de nuestra Constitución.

El Rey Midas de la legitimidad se pasea por Cuba y el Congreso de la República sin que se vuelva ley pacificadora todo lo que toca.

El Estado que admiramos, y como aturdidos admiramos, se derrumba, pero todavía sus maestros, obreros y operarios tienen capacidad de maniobra para evitar el colapso.

Una nueva visión del derecho y de la convivencia se asoma tímidamente desde la convivencia política.

Los juristas y el pueblo se preguntan: ¿Es nuestro pacto del 91 la forma ideal para salvar la débil democracia y la comunicación dialogada y el acuerdo contractual para vivir mejor?

Si la forma de vida que se está escogiendo en La Habana y Quito no es perdurable se impone el despotismo y la anarquía.

A cada momento que le damos una lectura al país nos convencemos que el Estado es apuntalado para que no se caiga y los dueños del establecimiento no han pensado en repararlo. Es benéficamente viable, dicen.

El Derecho no tiene más legitimidad que la que exhibe un “fisiculturista” en aprietos y dificultades, sólo sabe cómo se monopoliza la fuerza, pero olvida su función de cumplir con los mandatos sociales atribuidos por el pueblo. Actúa en ese escenario.

Por eso vemos que la democracia se agota, está en apuros, no resiste los intentos comunicacionales entre sus propios contradictores, sólo juega como un tahúr electoral, con cartas marcadas, donde hay recónditos y visibles intereses, mientras el hambre, la desnutrición y la desigualdad abismal acaban con la aureola que tenemos un Estado de Social de Derecho.

¿Acaso no puede salvarnos el camino de una Constituyente? Hasta pronto.

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