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Viernes, 9 de octubre de 2026

LA DICTADURA DEL OLVIDO

LA DICTADURA DEL OLVIDO

LA DICTADURA DEL OLVIDO

El 13 de junio pasó desapercibido: Aquel golpe militar del 53 causado por el teniente general Gurropín, cuando la oligarquía colombiana agraria y financiera, desembocó tiempo después en el Frente Nacional, ante la avalancha guerrillera llanera, que le caía encima decidiendo poner en el poder en esa hora a los uniformados armados, funcionarios públicos del gobierno.

Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Los medios del miedo con su visión de mundo, ayer a propósito, olvidaron el arribo del militar ingeniero boyacense, graduado en USA y constructor del El Dorado, la autopista norte, el centro residencial Antonio Nariño, la masacre estudiantil de 13 estudiantes de medicina de la Universidad Nacional, en la carrera Séptima de Bogotá, los bombardeos a las zonas campesinas, la matanza de la Plaza de Toros, y la implacable persecución, como en los mejores tiempos de la Gestapo nazi, al Partido Comunista colombiano, cuya dirección toda estaba encalabozada cuando cayó su dictadura por acción de la huelga patronal.

Ayer nadie recordó lo ocurrido, hace sesenta y dos años, cuando se oyó muy temprano su perorata por la Radio Nacional, y los aviones de la FAC volaban presurosos sobre las cabecitas colombianas: “El binomio pueblo Fuerzas Armadas, toma el poder para levantar la bandera ensangrentada de un charco de sangre: ¡Paz, Justicia y Libertad!… Se convoca a todos los guerrilleros liberales alzados en armas, a una amnistía y entrega de su armamento en los puestos militares del gobierno”.

Todo se olvidó porque la demencia senil del universo le ocurre hasta a dios, representación terrena del poder. Los “miedos” de comunicación olvidaron también en esta fecha, cómo en su exilio Gurropín se transformó de constructor en reformador y al regresar al país y ser absuelto de sus crímenes en candidato presidencial con movimiento propio con nombre de supermercado: “Anapo”. Una agrupación política triunfadora electoral en el 70 aquel 19 de abril. Elecciones substraídas a ojos vistas de todos generando la creación de la Anapo Socialista con brazo armado propio para arreglarle por medios armados, el caminado a la democracia burguesa agraviada.

El “reformador socialista”, Gurropín al ocurrir la trapisonda electoral planeada por el absolutista capital financiero, no fue capaz esa vez de lanzar al combate a las masas airadas, seguidoras de su discurso de plátanos y yucas con precios asequibles, sino que pactó con los del poder en secreto su renuncia, dejándoles las manos libres y a sus seguidores boquiabiertos mirando para la luna de babieca. Esto ocurrió porque aquí en Macondo, todo termina con una máscara, regresando al instante con otra más cruel: “La primera como tragedia y la segunda como comedia”.

Las caras del poder y del olvido en este país del “Sangrado Corazón de Jesús” son infinitas. Ayer fue la paz cuando Guadalupe Salcedo entregó a Gurropín armas y huestes, después de derrotar montoneras de chulavitas y hacerle 90 bajas a los uniformados oficiales, a semejanza de hoy que cae fuego divino del cielo sobre las toldas insurgentes, volviendo todo a principiar como si fuera un tobogán perene la voladura de torres, ruptura de tubos petroleros dejando la tierra hecha añicos. En Colombia la pendencia de pronto regresa envuelta en colores pacíficos, y esta vuelve con los tonos mortíferos de la conflagración.

Aquí en este territorio parecería que nada es definitivo, como ocurre en otros lugares, donde las permanencias se mantienen. Vivimos en un lugar del planeta donde las cosas empiezan en el mismo momento cuando se terminan. Donde tiene su trono la dictadura del olvido.

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