LA CULTURA NARCO


Hace muchísimos años en Medellín y Cali existieron los carteles de la droga más grandes del país y con ellos la historia de Pablo Escobar, el narcotraficante más famoso del mundo, así lo dieron a conocer los medios de comunicación nacionales y extranjeros. Esa fama ha sido el motivo por el cual muchas personas siguen de cerca la vida de un personaje que causó diferencias entre el gobierno colombiano y el mismo.
Gracias a los medios de comunicación colombianos en otros países, “Pablo Escobar” es un Dios, todos quieren ser, actuar como él, incluso visitar su tumba en Colombia y pedir que les haga el milagrito, se ha vuelto una moda, porque muchas personas confiesan que consiguieron empleo gracias a él, sin importar que le hubiera robado la existencia a personas inocentes como Galán, quien pretendía que al salir del país ya no sintiéramos vergüenza de decir “soy colombiano” y mostrar así nuestra verdadera esencia.
Pero ser diferente, tener una ideología diferente, era un problema para políticos o no políticos. Como ocurre en los cuentos, aunque es la historia real actual que viven otros países suramericanos que luchan actualmente contra esta problemática y sorprende enterarse que Argentina está viviendo algo similar a Colombia, la mafia empieza a notarse en algunas provincias de dicho país, es un tema del que se habla de manera natural en los noticieros pero sabemos que de alguna manera influyen los programas de televisión o cine, que se trasmiten a diario.
Nosotros los colombianos que salimos del país en busca de oportunidades laborales o de estudio, odiamos los comentarios que hacen al respecto, parece que a los medios de comunicación les interesa llenarse los bolsillos antes que cambiar la imagen que tenemos en otros países. Porque ser colombiano en otro país, es ser narcotraficante, consumidor de drogas ilícitas aunque no lo seas. Y a pesar de la problemática, aún seguimos luchando por vivir en un país mejor aunque suene irónico.
Colombia es Colombia, solo se necesita vivir en este país para conocer la realidad que nunca muestran los medios de comunicación.



