La crisis de El Liberal
Por: Luís Barrera
Editor Proclama del Cauca
La información es, sin duda, un bien social que coloca a quien la posee en una posición de privilegio respecto de quien se mantiene al margen de ella. Estar “bien informado” es esencial (aunque no definitorio) para comprender, tomar decisiones y participar en todos los ámbitos de la vida moderna.
La actual crisis del diario El Liberal de Popayán hace parte de la crisis económica generalizada que vive el departamento del Cauca por múltiples factores que terminaron lamentablemente en que el emblemático periódico de los caucanos no se leyera más allá de dos cuadras del parque Caldas.
Aunque los caucanos y especialmente en la Capital somos consumidores de periodismo y nos encanta estar al día en noticias, chismes y rumores, la nueva dinámica de las comunicaciones y las crisis que afectan miles de familias y hogares, hicieron que EL Liberal fuera agonizando, sumado a lo que los socios mayoritarios esgrimen en el sentido que el periódico nunca ha sido rentable.
No podemos desconocer que los medios de comunicación encuentran un lugar fundamental en la sociedad. El rápido reconocimiento social a su papel en la construcción de una ciudadanía democrática y su creciente y gradual incidencia en la construcción de la agenda pública llevaron a Estados y comunidades a equipararlos en importancia a los tres poderes constitucionales que ya existían.
Los medios de comunicación se constituyeron, entonces, en el cuarto poder, jerarquizando su legitimidad y responsabilidad junto al Legislativo, al Ejecutivo y al Judicial.
Hoy en día, incluyendo la prensa regional, hace que el periodismo en cualquiera de sus modalidades, pero especialmente el escrito, mantengan, como decía García Márquez, “A los ciudadanos avisados, a las putas advertidas y a los Gobiernos inquietos”.
El mundo del periodismo siempre fue muy dinámico, pero en los últimos años está viviendo un terremoto: caída de la credibilidad, pérdidas económicas por la aparición de Internet, ciudadanos como nuevos actores periodísticos, redes sociales que desplazan el propio concepto de medio de comunicación, pero el caso puntual de EL Liberal merece no solo la solidaridad de cuerpo de la sociedad y colegas, sino de los gobernantes y dirigentes de la región, de los empresarios pudientes e inversionistas que redimensionen el periódico porque es cierto que el periodismo, con sus debilidades y apasionamientos, ha contribuido desde sus perspectivas y estilos a mantener la democracia de la región.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida y por ello diarios como El Liberal hay que intentar salvarlos para que no salgan de circulación. Aunque algunos consideran que si lo importante es salvar la función social del periodismo, es posible que no sólo haya que abandonar los formatos tradicionales de papel, sino también su actual estructura empresarial.
No sugerimos que el periodismo tiene que convertirse en una actividad sin ánimo de lucro, ni más faltaba; el verdadero periodismo debe ser constructivo y sostenible en sus operaciones.
La rentabilidad de los medios periodísticos puede estar en cambiar la pregunta. Primero, tratar de encontrar modelos de negocios compatibles con la libertad de copia y acceso a la información, en vez de intentar enrocarse en los viejos modelos dependientes de la escasez de la información. Algunos piden subvenciones públicas al periodismo como un “bien público”. Sin llegar a ahondar de dónde saldrá el dinero para financiarlo.
Hay quienes proponen que los diarios locales como El Liberal hagan una cobertura mucho más intensa de sus comunidades con ribetes amarillistas como pasó con Q`hubo que no dio resultados.
Otros sugieren que es necesario ir más allá de la noticia del día con la presentación de contenidos muy exclusivos, entre ellos entrevistas y análisis del acontecer parroquial y regional. Los resultados parecen ser estos dos: primero, todos están de acuerdo en que hay que hacer algo para salvar a esta casa periodística de su muerte anunciada; segundo, nadie sabe exactamente en Popayán ni el Cauca qué hacer para salvarla, porque no es lo mismo hacer periodismo que un periódico.
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