LA CERVEZA



Colombia es un país de intocables. Ejemplos hay muchos y repetidos. Lo que no ha aparecido nunca es una explicación sociológica, ni siquiera política, de por qué la intocabilidad se trasmite de generación a generación o de productos, personas y grupos sociales a otros que nunca debieron haber pensado en ser intocables.
Hay sin embargo uno de esos intocables que ha durado casi un siglo y parece que va a seguir igual: la cerveza.
Desde cuando los Kopp fundaron Bavaria chupándose la fábrica que don Rufino José Cuervo y su hermano habían montado, la cerveza ha sido a más de protegida por las leyes y gobiernos, un producto intocable a la hora de las tasas impositivas.
Como por muchos años vendieron la tesis de que la cerveza era la salvación de la brutalidad que producía la chicha de maíz, persiguieron las chicherías hasta acabarlas. Y por estos días, cuando se aprueba una nueva Ley de Licores y se le carga la mano al vino y hasta a los aguardientes, a la cerveza no la tocan y la dejan sin que pague los tributos que todo otro producto alcohólico soporta.
¿Si en la Ley de Licores decretan pagar $220 por cada grado alcohólico, qué libera a la cerveza de pagar ese mismo tributo porque apenas dizque tiene 4 grados?
El cuentico de seguir presentando a los bebedores de cerveza como la plebe que no se debe castigar con impuestos porque se rebela, está pasado de moda. El que quiera tomar cerveza debe pagar lo mismo por grado alcohólico que quien tome whisky o aguardiente. Con ese embeleco lo único que demuestran es que protegen descaradamente a los 2 o 3 dueños de las cervecerías y a los demás nos joden, subiéndonos el IVA.
Publicado en ADN / Sept 22 de 2016.
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