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jueves 10 junio, 2010 a las 9:20 am

La burbuja de las redes sociales

FABIO ARÉVALO ROSERO MD*

 

Las redes sociales del Internet son un fenómeno imparable, pero en Colombia son electoralmente inefectivas. Es cierto que están modificando nuestra forma de relacionarnos e influyendo en el diseño de novedosas estrategias comerciales y de mercadeo de muchas empresas y organizaciones. Pero su crecimiento con dimensiones geométricas es más virtual que real. Casi todos tenemos en nuestra memoria lo ocurrido con la llamada burbuja de Internet que, entre 2000 y 2001, arrastró consigo a decenas de compañías nacidas en plena vorágine “puntocom”.

Las redes sociales virtuales han crecido por diversas razones: La primera por la necesidad de colaboración que tenemos las personas por los bajos niveles de comunicación en las “modernas” comunidades sociales. La segunda por la voluntad de recibir información, y por las nuevas formas que están convirtiéndose en comunes para las nuevas generaciones. Y la tercera por un fenómeno de moda que hace que todos queramos estar en este medio aunque no sabemos por qué, ni cuáles son los beneficios que nos puede reportar.

Hasta el 14 de marzo de este año, el fenómeno político del Internet, era Sergio Fajardo. Convertido por cuenta de la red en el personaje de moda, aprovechó su ola para organizar grupos de jóvenes minimizándolos con determinadas consignas que debían repetir mecánicamente y unos principios que debían seguir milimétricamente. La moda era seguir a Fajardo y para ello en el país superó todos los récords del Facebook. Sus activistas se dedicaron a construir más un mundo ficticio que a realizar un denodado trabajo de entrega y compromiso en el asfalto.

Ese 14 de marzo quedó demostrada de forma contundente su precariedad, desnudando las equivocaciones y la pobre convocatoria de sus seguidores. No se puede concebir, por ejemplo, que en el Cauca después de un trabajo de más de dos años, su lista total a Congreso apenas supere los ¡mil votos en todo el departamento! Sus coordinadores adoptaron de manera arrogante, simplista y crecidos tal vez por el “ánimo” de la red un estilo excluyente donde primó el “aléjate de mi” que el “acércate a mi”. Los resultados son precisos y la pompa de jabón ingenuamente inflada se esfumó.

Ahora vino la ola verde que inundó también la web, con cientos de miles de activistas. Pero para la mayoría (y seguramente menores de edad) no era más que un divertido juego y eso poca gente lo entendió. Muchos cayeron en la trampa de una especie de moda ligera, cambiaron su perfil, su estado, su color, repitieron consignas, copiaban frases de Antanas, etc. (personalmente, aparte de escribir y debatir con argumentos por los movimientos verdes, jamás caí en el “snob” de la mayoría).

Incluyendo al mismo Mockus, buena parte del equipo tenía gran preocupación por el movimiento en Facebook y se canalizaron gigantescos esfuerzos e inversiones para inflarlo. Antanas lo mencionaba como la gran maravilla, que entre otras ayudó para las que finalmente fueron ilusorias concentraciones públicas, que superaban de lejos a los demás candidatos, pero que no se tradujeron en votos. De manera alegre e irresponsable en las redes sociales se adoptaron peligrosas consignas como “vamos a ganar en primera vuelta”. En un análisis previo, demostramos que es imposible estadísticamente ganar en primera con nueve candidatos.

El pasado 30 de mayo, por cuenta de la burbuja creada en el Internet sin criterio serio para la campaña Mockus – Presidente, el golpe fue duro. La mayoría de quienes participan y hacen ficticio activismo, parece son cómodos personajes que quieren lucirse, pero sin capacidad, ni compromiso para trabajar arduamente en el asfalto. Una lección para aprender que nos obliga a ser más pragmáticos y serios en cuestiones políticas en Colombia. Las buenas intenciones y los pensamientos, están muy bien. Pero resultan tan livianos como pompas de jabón si no los sigue el esfuerzo para concretarlos.

*Consultor World Streets


Apostilla: En la redes sociales virtuales, los «mercados» son débiles y los «inversores» (activistas) veleidosos. El frenesí del «gasto» puede terminar en un desastre. La pompa estalla, sin mayores pompas.
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