La aridez de las corporaciones


Las Corporaciones Autónomas Regionales de Colombia son la primera y máxima autoridad de los problemas medio-ambientales a nivel regional.
Son entes corporativos de carácter público, creados por ley, integrados por las entidades territoriales, que por sus características constituyen geográficamente un mismo ecosistema o conforman una unidad geopolítica, biogeográfica o hidrogeográfica, dotados de autonomía administrativa y financiera, patrimonio propio y personería jurídica.
Son las encargadas de administrar y vigilar que no se cometan atropellos contra la naturaleza y el medio ambiente (dentro del área de jurisdicción), los recursos naturales renovables y propender por su desarrollo sostenible, de conformidad con las disposiciones legales y las políticas del Ministerio del Medio Ambiente.
Por estos días dos “chicharrones” mantienen ocupada a la CRC en el Cauca por cuenta de la disposición final de basuras en los municipios de Popayán y Santander de Quilichao, sin contar el más grave problema que ha generado la minería ilegal en todo el territorio del departamento y que merece un capítulo aparte por la magnitud y daños irreversibles que ha causado en varias poblaciones.
Lo que todo el mundo se pregunta es cuál ha sido el papel de la CRC y si verdaderamente ha actuado con rigurosidad y autoridad en estos temas, que han generado inquietudes y obvias preocupaciones, porque se está hablando del futuro y del manejo de los desechos residuales domésticos, industriales, comerciales y hospitalarios de las dos más importantes ciudades de la región.
En Popayán, se ha ordenado el cierre inmediato del vertedero “El Ojito” por la misma CRC, pero ante la falta de un nuevo relleno, le tocó hacerse la ciega y dejar prolongar la clausura del sitio que vienen utilizando los payaneses como su destino de disposición final de basuras, parece que hubiese una complaciente y sistemática benevolencia con el operador.
La semana pasada, centenares de quilichagüeños marcharon hacia el relleno de “Quitapereza”, para enterarse de primera mano cómo es que viene funcionando, con las preocupaciones, alertas y cuestionamientos que tienen las comunidades vecinas de este sector rural y la población en general, cuando se ha anunciado la puesta en marcha de un estudio y diseño de lo que sería un relleno de carácter regional y cuyos recursos están garantizados, según las directivas de Emcaservicios.
En ambos casos, las empresas administradoras y operadores han dicho que de cerrarse estos dos vertederos, automáticamente se presentarían sobrecostos, que necesariamente deben trasladarse vía tarifas a los clientes o usuarios de los servicios de recolección de basuras.
En Puerto Tejada ya se está alertando sobre el tremendo impacto negativo que viene generando el botadero de basuras a cielo abierto de “ El Cortijo”, cuyas 83 plazas cedidas por el Ministerio de Agricultura al municipio, por la utilización de 6 plazas de terreno como sitio de disposición final de basuras, está generando lixiviados sobre la cuenca del río la Paila, pues a pesar de la celda de contingencia autorizada por la CRC, se puede estar presentando una grave y evidente contaminación sobre el río Guengüe, cuyas aguas corren a escasos 200 metros.
Tres casos concretos para insistir que Las Corporaciones Autónomas Regionales son entes estatales en cuyas cabezas recaen funciones de primera importancia para el presente y el futuro del país y que, a raíz del desorden climático y todas las secuelas que este arrastra, tienen inmensas obligaciones y responsabilidades al más diverso nivel. Pero que si siguen funcionando a tumbos, como lo están haciendo, y en su seno los actos de total aridez frente a temas tan sensibles como el de las basuras, siguen campeando.
Desafortunadamente como “los bomberos a veces llegan tarde a los incendios”, las Corporaciones Regionales, que deben ser entes técnicos por excelencia, están contaminadas de arriba a abajo por el clientelismo y sufren la nociva enfermedad de tener que obedecer a los dictados y caprichos coyunturales de aquellos que ‘reinan’ en la política de cada región.
Sería muy conveniente en el caso de la CRC que su director, quien es un excelente funcionario y profesional, Luis Albeiro Villaquirán Burbano, el “Hijo del polvorero de Piendamó”, se pronunciara a fondo sobre estos temas y explicara a las comunidades con la claridad que lo ha caracterizado como máxima autoridad ambiental en el Cauca, para calmar la aridez que los caucanos tenemos en estas preocupaciones ambientales.




