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Sábado, 10 de octubre de 2026
viernes 15 julio, 2011 a las 3:59 pm
LA ARAÑA TEJE Y BAILA

Colombia

De entrada a la ducha, salía despacio una araña asustada. Con sus ojazos me miraba desde su diminuto volumen. Lucía como una bailarina negra recién salida de su cama, sin tutú ni ligas ni corsé. Había abandonado su trono y la pillé en paños menores. La miré compasivo, la acaricié con mis ojos y se sintió asegurada. Entré y abrí la llave y le seguí cauteloso las pisadas.

La araña era de estatura más o menos mediana. No me atreví a entablar conversación con ella. Era como la Taglioni, espigada y de fina punta en el pie. Su edad podía oscilar entre los 20 y 25 abriles. Habría estudiado en academia rusa y seguro habría bailado en el Bolshoi al lado de Nureyev, Godunov y Pavlova. Tenía despeinadas las cejas y ensombrecidas sus ojeras. Tal vez le había faltado un poco de sueño. Su caminar era armonioso, milimétrico, grandioso. Verla avanzar era todo un espectáculo. No sabría decir si era solemne o coqueto cada paso que daba. Era tan natural en su porte que mirarla despertaba fruición y casi arrobo.

Imaginé en qué ocuparía sus horas en casa. Para tal beldad su telaraña debería ser un palacio con lámparas de murano, pisos de mármol y paredes con cuadros de Renoir, Monet y Degas y cortinas de linillo tenue. ¿Leería Preciosa y el aire de García Lorca o La princesa está triste de Darío? ¿Cuántas horas pasaría tejiendo? ¿Haría su labor de tejer en su traje de licra blanca mientras sonaba un vals de Strauss o Tchaichovsky o un tango? ¿Pararía su trabajo para beber y descansar frente al espejo de cuerpo entero? Su tejido sería todo un arte y su mansión sería la mejor del barrio con cama blanda y balcón frente a la arboleda.

El guardarropa de esta beldad hecha araña no necesitaba tanto espacio. Su cuerpecito era tímido y sus miembros delgados. Su cabecita estaba bien formada, su cuello alargado, sus piernas largas con muslos muy apretados, sus brazos de fina línea terminados en manos suaves. Sus ojos eran expresivos, su boca pequeña de labios teñidos con negro tinte que nunca dejaba ver sus dientes. Su nariz delgada daba realce a su cara bella. En realidad, su tocador era escaso ya que el volumen de su cuerpo y su esbeltez no necesitaba muchos cuidados.

Jamás daría esta dama lugar a bochornos en su trabajo. Su sede estaba en la casa y quien quisiera ver su espectáculo debería buscarla a propósito. La encontraría escondida en lo más alto de un árbol, debajo del alero de una casa, en el rincón de una sala y hasta debajo de una silla. Nunca quiso hacer una escena de pánico ni dañar el paisaje. Las amas de casa le huían y siempre quisieron evitar su presencia. Pero ellas son inofensivas y tiernas.

La vida tiene sus gajes y las arañas tendrán amigos y odios. Por eso tienden su red vanidosa en lugares apartados donde solo la miren los niños, los poetas y los locos. Danzarán con sus ocho paticas en el redondel de hilos de amor y saliva mientras su vida termina.

14-07-11 – 10:41 a.m.

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

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